Por Gaby Astudillo / Para Notimercio
¿Es posible reconstruir la relación entre un padre y un hijo de la misma manera en que se restaura una motocicleta? Esta pregunta da origen a Fiebre de Motocicleta, una película de coproducción ecuatoriana-francesa, que llegó a los cines de Quito el 4 de noviembre y explora los vínculos familiares, las pasiones y las segundas oportunidades.
La historia nace de una experiencia real de Emmanuel Blanchard Mora, director, guionista y protagonista del filme, quien decidió restaurar una motocicleta y encontró en ese proceso una posibilidad de acercarse a su padre.
Durante años, las motos fueron una pasión que parecía interponerse entre ambos. Mientras su padre dedicaba buena parte de su tiempo a restaurarlas, Emmanuel sentía que ese mundo ocupaba un lugar que él también quería tener en la vida de su progenitor. El carácter fuerte de su padre y la distancia emocional dificultaban la relación, hasta que una motocicleta abrió la puerta a un nuevo encuentro.
Entre herramientas, piezas y conversaciones, padre e hijo comenzaron a compartir tiempo y a construir una relación más cercana. La restauración mecánica se convirtió en el escenario de un proceso personal que ninguno sabía cómo terminaría.
El registro de esta historia comenzó hace diez años. Parte del rodaje se desarrolló durante la pandemia, una etapa que propició momentos de intimidad y conversaciones reveladoras. Para Julia Silva, productora creativa, uno de los principales desafíos fue filmar una relación real sin conocer su desenlace y permitir que los conflictos surgieran espontáneamente.
Más allá de las motocicletas, esta producción invita a reflexionar sobre las relaciones familiares y la posibilidad de recuperar vínculos que parecían detenidos en el tiempo. Porque restaurar una máquina requiere paciencia, dedicación y esfuerzo; reconstruir una relación también. A veces, compartir una pasión puede ser el primer paso para volver a encontrarse.


