Ad image

La colada morada cambia de forma, pero sigue sabiendo a casa

July Ruiz
5 Min Read
El sabor de la colada morada inspira helados, tartas y bebidas frías que acercan la tradición ecuatoriana a nuevas experiencias gastronómicas.

Helados, tartas y bebidas frías reinterpretan uno de los sabores más queridos del Ecuador. Entre nuevas texturas y recetas familiares, la tradición encuentra otras maneras de llegar a la mesa.

July Ruiz / Notimercio

Hay aromas que anuncian una época del año sin necesidad de mirar el calendario. La canela calentándose, el perfume del ishpingo y las frutas cocinándose despacio pueden llevarnos, por un momento, a la cocina de alguien querido. Para muchas familias ecuatorianas, la colada morada guarda algo de eso: una tarde compartida, una guagua de pan escogida con cuidado y la memoria de quienes enseñaron a prepararla.

Ahora, ese sabor también se encuentra en una vitrina de helados, dentro de una tarta o en una botella que se sirve fría. La gastronomía ecuatoriana está explorando nuevas presentaciones de la bebida vinculada al Día de los Difuntos, y la pregunta resulta tan sencilla como tentadora: ¿a qué sabe un recuerdo cuando cambia de textura?

De la taza a la cuchara

En Quito, Lekka Lekka prepara un helado de colada morada que, según su maestro heladero David Dalia, no contiene harina ni leche. La propuesta busca conservar la cremosidad y se sirve con fruta picada, un detalle que acerca la experiencia a la bebida tradicional.

En De La Llama, la reinterpretación toma forma de pie. Para la temporada de 2026, el restaurante lo acompaña con helado de cedrón. El mortiño sigue siendo fundamental: su disponibilidad determina cuánto tiempo permanece el postre en la carta.

También hay una tarta vasca de colada morada en Las Tartas de la Chef Caro, una muestra de cómo la pastelería incorpora este sabor a preparaciones de otros orígenes.

El encanto está en ese instante de reconocimiento. La cuchara encuentra una consistencia distinta, pero las especias y las frutas despiertan una familiaridad que permite decir: “sí, sabe a colada”. A partir de ahí, cada comensal decide qué versión le gusta más y cuál le recuerda a la de su casa.

Una tradición que también se bebe fría

Otra propuesta es la de Purah, emprendimiento quiteño que desarrolló un té frío inspirado en la colada morada. Sus creadores, los ingenieros en biotecnología Lenin Navas y Zahid Rodríguez, utilizan una infusión de especias y hierbas para ofrecer una bebida más ligera, sin harina.

Ese recorrido tiene algo entrañable: antes del laboratorio estuvo la conversación en familia. Preguntar qué hojas se utilizan, cuánto tiempo deben hervir o cómo se reconoce el punto del sabor también es una forma de cuidar un conocimiento que suele transmitirse cocinando juntos.

La receta siempre ha tenido una historia de cambios

Aunque hoy parezca una preparación inamovible, la colada morada es resultado de transformaciones culturales. Quito Turismo explica que sus antecedentes se relacionan con bebidas rituales andinas de maíz y hierbas, y que el mestizaje incorporó ingredientes y significados hasta convertirla en una tradición familiar asociada a la memoria de los difuntos.

Por eso, conviene mirar estas creaciones con curiosidad. Una nueva presentación puede ser la primera oportunidad de un niño para reconocer el mortiño, o el motivo para que alguien pregunte por el ishpingo. También puede despertar las ganas de llamar a la abuela, pedir una receta o reunir a la familia alrededor de una olla.

Habrá quienes prefieran su colada caliente, espesa y con abundante fruta. Otros querrán descubrirla en un helado o compartir una porción de tarta. En cualquiera de esas mesas puede empezar una conversación sobre nuestros sabores. Y quizá esa sea una de las cosas más bonitas de esta temporada: encontrar una excusa para sentarnos cerca, recordar a quienes extrañamos y servir un poquito más.

Share This Article
No hay comentarios