La ubicación ecuatorial y la altura favorecen una exposición intensa a los rayos ultravioleta. Protector solar, ropa adecuada y sombra deben formar parte del cuidado diario.
July Ruiz /Notimercio
En Quito, una mañana fresca puede hacer que el sol parezca inofensivo. Sin embargo, la temperatura no permite saber cuánta radiación ultravioleta recibe la piel. Una caminata, un recreo escolar o una jornada de trabajo al aire libre pueden acumular exposición aunque no se sienta calor.
La cercanía a la línea ecuatorial y la altitud son factores que elevan la radiación UV. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), esta también puede alcanzar niveles importantes con nubosidad. Por eso, protegerse no debería depender únicamente de ver el cielo despejado.
Consultar el índice UV antes de salir
El índice ultravioleta expresa la intensidad de la radiación solar que puede causar daño. La OMS recomienda adoptar medidas de protección desde un índice de 3, sin esperar a que se anuncien valores extremos. Consultar los reportes del Inamhi permite organizar las actividades según las condiciones previstas.
Conviene reducir la exposición directa alrededor del mediodía y trasladar, cuando sea posible, las actividades prolongadas al aire libre a las primeras horas de la mañana o al final de la tarde. Las nubes delgadas y una brisa fría pueden dar una falsa sensación de seguridad: no bloquean toda la radiación.
Elegir y aplicar bien el protector solar
La Academia Americana de Dermatología recomienda un protector de amplio espectro —contra UVA y UVB—, con FPS 30 o superior y resistente al agua. Debe aplicarse aproximadamente 15 minutos antes de salir, en cantidad suficiente y sobre toda la piel expuesta.
Las orejas, el cuello, las manos y los labios también necesitan atención. Para estos últimos puede utilizarse un bálsamo con FPS 30 o superior. Mientras se permanece al aire libre, corresponde reaplicar el producto aproximadamente cada dos horas y después de nadar o sudar, siguiendo las instrucciones del envase.
Combinar crema, ropa y sombra
El cuidado es más completo cuando el protector se acompaña de una camisa de manga larga, pantalón, sombrero de ala ancha y gafas con protección UV. Buscar sombra también ayuda a reducir la exposición, aunque no la elimina por completo.
Estas medidas son especialmente útiles para quienes trabajan en la calle, practican deportes o pasan varias horas fuera de casa. Todas las tonalidades de piel requieren protección: las personas de piel oscura también pueden sufrir daño solar.
Niños y bebés requieren atención especial
En los niños, la protección debe acompañar los recreos, paseos y entrenamientos. Para los bebés menores de seis meses, la prioridad es mantenerlos fuera del sol directo y utilizar sombra y ropa protectora; antes de aplicarles protector solar, conviene consultar con su pediatra.
Qué hacer si aparece una quemadura
Si la piel queda caliente, dolorida o sensible tras la exposición, hay que salir del sol, enfriarla suavemente con agua fresca o una toalla húmeda y utilizar una crema hidratante sin perfume. No se debe aplicar hielo directamente ni reventar las ampollas.
Es importante buscar atención médica si aparecen ampollas, hinchazón importante, fiebre, mareos o malestar intenso. Una quemadura solar en un bebé o niño pequeño también requiere valoración.


