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Squirt y eyaculación femenina: no son lo mismo

July Ruiz
7 Min Read
La respuesta sexual femenina puede incluir diferentes tipos de fluidos y manifestaciones. Aunque el squirt y la eyaculación femenina suelen confundirse, la evidencia científica muestra que no son exactamente lo mismo.

Durante años, ambos términos se utilizaron como sinónimos, pero la evidencia científica muestra que describen fenómenos diferentes. Entender qué ocurre permite dejar atrás mitos y recordar que la respuesta sexual femenina sigue teniendo muchas preguntas por responder.

July Ruiz / Notimercio

Durante mucho tiempo, hablar de sexualidad femenina estuvo rodeado de silencios, prejuicios y también de bastante desconocimiento científico. Un ejemplo está en dos términos que aparecen con frecuencia en conversaciones, redes sociales y contenidos sexuales: “squirt” y “eyaculación femenina”. Aunque suelen utilizarse como si fueran exactamente lo mismo, no lo son. Pueden presentarse durante una misma experiencia sexual, pero tienen características y orígenes diferentes.

La llamada eyaculación femenina suele referirse a la expulsión de una pequeña cantidad de líquido asociada a las glándulas parauretrales, conocidas también como glándulas de Skene. Estas estructuras se encuentran alrededor de la uretra y han sido relacionadas con la producción de fluidos durante la respuesta sexual. El volumen suele ser reducido y su composición puede incluir sustancias como el antígeno prostático específico (PSA), una enzima que también se encuentra en el líquido producido por la próstata masculina.

El squirt, por otro lado, generalmente implica una expulsión de líquido de mayor volumen a través de la uretra. Los estudios que han analizado su composición han encontrado componentes compatibles con la orina, como creatinina y urea, y en algunos casos también se ha identificado PSA. Investigaciones realizadas mediante ecografía han observado que la vejiga puede llenarse durante la estimulación y vaciarse posteriormente cuando ocurre el squirt, lo que respalda la participación de la vejiga en este fenómeno.

Esto no significa que el squirt sea simplemente “orinar durante el sexo”. La respuesta es más compleja. Los análisis científicos sugieren que el líquido puede tener una combinación de componentes provenientes de diferentes fuentes, y que la participación de las glándulas parauretrales también puede variar entre personas. Por eso reducir toda la experiencia a “es orina” tampoco explica adecuadamente lo que ocurre.

Dos respuestas que pueden coincidir

Una de las razones por las que existe tanta confusión es que la eyaculación femenina y el squirt pueden aparecer durante una misma experiencia sexual. Sin embargo, también pueden presentarse por separado. Además, no todas las mujeres experimentan estos fenómenos y su ausencia no significa que exista un problema sexual.

Un estudio publicado en The Journal of Sexual Medicine analizó la literatura científica disponible sobre la eyaculación femenina y encontró que existe una importante variabilidad en la cantidad y composición de los fluidos descritos. Los investigadores también señalaron que todavía existen diferencias en la forma en que estos fenómenos han sido definidos y estudiados, lo que dificulta establecer conclusiones universales.

La ciencia ha identificado algunos elementos con bastante claridad, pero todavía existen interrogantes. No todas las personas producen la misma cantidad de líquido, no todas tienen la misma experiencia y no existe una única respuesta sexual femenina que deba considerarse “normal”.

El problema de medir la sexualidad con una regla

Quizá una de las consecuencias más curiosas de esta confusión sea que algunas personas han comenzado a utilizar el squirt como una especie de indicador de placer. Las imágenes de internet pueden alimentar la idea de que una respuesta sexual visible equivale necesariamente a un orgasmo más intenso o a una experiencia sexual “mejor”.

Pero el cuerpo no funciona como una competencia. La presencia o ausencia de squirt no determina la calidad del orgasmo, el nivel de excitación ni la satisfacción sexual. Una persona puede experimentar orgasmos intensos sin presentar ninguno de estos fenómenos, mientras que otra puede tener expulsión de líquido sin que necesariamente exista un orgasmo.

Además, la respuesta sexual femenina no depende de un único mecanismo. El deseo, la excitación, la estimulación, las emociones, el contexto, la seguridad, la comunicación y múltiples factores físicos y psicológicos pueden intervenir en la experiencia.

¿Por qué sabemos tan poco?

La confusión alrededor del squirt y la eyaculación femenina también cuenta una historia sobre la ciencia. Durante siglos, buena parte de la investigación médica y sexual tomó al cuerpo masculino como referencia y prestó mucha menos atención a determinadas funciones del cuerpo femenino.

Eso ha comenzado a cambiar, pero el conocimiento todavía tiene vacíos. Incluso conceptos básicos relacionados con la anatomía y la respuesta sexual femenina han sido objeto de debate científico durante décadas. El problema no está en los cuerpos. Está en cuánto tiempo tardamos en estudiarlos con suficiente rigurosidad.

Hoy sabemos que existen diferentes respuestas fisiológicas relacionadas con la expulsión de fluidos durante la actividad sexual, que no necesariamente significan lo mismo y que pueden variar considerablemente entre personas. También sabemos que internet ha simplificado estas diferencias hasta convertirlas en etiquetas fáciles de consumir, pero la biología rara vez funciona de manera tan sencilla.

Más información, menos presión

Hablar correctamente de estos fenómenos no debería generar nuevas exigencias. Al contrario: debería ayudarnos a quitarlas. No hay que “conseguir” un squirt para demostrar placer. Tampoco existe una obligación de experimentar eyaculación femenina. Cada cuerpo responde de manera diferente y esa diversidad forma parte de la sexualidad humana.

Quizá lo más interesante de este tema no sea determinar cuál de los dos fenómenos es “mejor”, sino reconocer cuánto nos queda por aprender. Durante años confundimos conceptos, llenamos los vacíos científicos con mitos y convertimos diferencias corporales en expectativas sexuales. Hoy tenemos mejores herramientas para estudiarlos, pero todavía quedan preguntas abiertas.

Entender el squirt y la eyaculación femenina no debería servir para poner otra meta en la sexualidad, sino para quitar una presión: no existe una única manera correcta de responder, sentir placer o vivir el propio cuerpo.

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