El inicio del año escolar suele concentrar la atención de las familias en uniformes, útiles, horarios y transporte. Sin embargo, expertos y organismos internacionales recomiendan no dejar fuera otra preparación fundamental: enseñar a niños y adolescentes sobre su cuerpo, sus límites, el consentimiento, las relaciones y los riesgos del entorno digital.
July Ruiz / Notimercio
Con el regreso a clases también regresan las preguntas que muchas familias no siempre saben cómo responder. ¿Qué hacer si un compañero toca a mi hijo de una manera que le incomoda? ¿Qué pasa si recibe una fotografía sexual por WhatsApp? ¿Cómo explicarle el consentimiento a un niño? ¿Cuándo es el momento adecuado para hablar sobre sexualidad?
La respuesta comienza por cambiar una idea: educación sexual no significa hablar únicamente de relaciones sexuales.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) plantea que la educación sexual integral puede comenzar desde los primeros años de vida y avanzar progresivamente de acuerdo con la edad y el desarrollo. En los niños pequeños, esto incluye conocer el cuerpo, identificar emociones, comprender los límites, reconocer situaciones incómodas y saber a quién pedir ayuda.
Por eso, preparar a un hijo para volver a clases debería incluir algo más que revisar su mochila.
Enseñar sobre el cuerpo también es educación sexual
Antes de regresar a la escuela, un niño debería tener herramientas básicas para protegerse. Entre ellas están conocer y nombrar correctamente las partes de su cuerpo, comprender cuáles son privadas, saber que nadie tiene derecho a tocarlo de una manera que le genere incomodidad y reconocer que puede pedir ayuda.
También es importante enseñar que su cuerpo le pertenece.
Esto no significa transmitir miedo ni enseñar a los niños a desconfiar de todos los adultos. Significa entregarles un lenguaje que les permita comunicar lo que sienten y reconocer situaciones que pueden ponerlos en riesgo.
Una frase sencilla puede ser suficiente para iniciar la conversación: “Si alguien hace algo con tu cuerpo que te incomoda, puedes decir que no, alejarte y contármelo. Nunca vas a estar en problemas por contarme algo que te haya ocurrido”.
Otro aprendizaje importante es diferenciar entre una sorpresa y un secreto que genera miedo, presión o incomodidad. Un niño debe saber que nadie puede pedirle que mantenga en secreto algo relacionado con su cuerpo.
¿A qué edad se debe comenzar a hablar de sexualidad?
No existe una edad específica para tener “la gran conversación”. La educación sexual debe ser progresiva.
La OMS señala que puede comenzar en los primeros años con contenidos adecuados al desarrollo infantil. A esa edad no se trata de hablar de actividad sexual, sino de conceptos como el cuerpo, la privacidad, las emociones, el afecto, los límites y la seguridad.
Posteriormente pueden incorporarse temas relacionados con la pubertad, los cambios corporales, la menstruación, la eyaculación, la atracción, las relaciones, el consentimiento, la presión de grupo, la pornografía, la anticoncepción, las infecciones de transmisión sexual y el embarazo.
La clave está en no esperar a que aparezca un problema para comenzar la conversación.
La OMS sostiene que los programas de educación sexual integral de calidad no aumentan la actividad sexual de los adolescentes. Por el contrario, existe evidencia de que pueden contribuir a retrasar el inicio de las relaciones sexuales y reducir comportamientos de riesgo.
Consentimiento: una enseñanza que empieza mucho antes de la adolescencia
Hablar de consentimiento con niños no significa sexualizarlos.
El consentimiento puede enseñarse en situaciones cotidianas: pedir permiso antes de abrazar, respetar cuando alguien no quiere un beso, no quitar un objeto a otra persona sin autorización o aceptar que un compañero no quiera jugar.
El mensaje es sencillo: mi cuerpo merece respeto y el cuerpo de los demás también.
Por eso, en lugar de obligar a los niños a besar o abrazar a familiares como una forma de saludo, los adultos pueden ofrecer alternativas: saludar con la mano, dar un abrazo si quieren o simplemente decir “hola”.
Este tipo de experiencias ayuda a construir desde la infancia una comprensión saludable de los límites personales.
El teléfono también forma parte del regreso a clases
Hay otro escenario que los padres no pueden ignorar: el digital.
Los niños y adolescentes pueden recibir contenido sexual a través de WhatsApp, redes sociales, videojuegos, plataformas de mensajería o incluso de personas que no conocen.
Un informe publicado por UNICEF e INTERPOL en septiembre de 2026, basado en alrededor de 21.000 adolescentes de 12 a 17 años en 21 países, encontró que aproximadamente uno de cada cinco había experimentado alguna forma de abuso o explotación sexual en línea.
Entre los riesgos identificados están la exposición no deseada a contenido sexual, la presión para mantener conversaciones sexuales, la solicitud de imágenes íntimas y la difusión de material sin consentimiento.
Ante esta situación, la reacción de los padres puede marcar una diferencia.
Si un adolescente recibe una imagen sexual o alguien le solicita fotografías íntimas, lo primero no debería ser un interrogatorio.
Preguntas como “¿por qué abriste eso?” o “¿qué estabas haciendo?” pueden hacer que el adolescente deje de contar lo sucedido.
Es preferible comenzar con:
“Gracias por contármelo. No estás en problemas. Vamos a solucionarlo juntos”.
Después se puede bloquear y reportar al usuario, evitar continuar la conversación y buscar orientación especializada cuando existan amenazas, chantaje, coerción o solicitudes de imágenes íntimas.
Es especialmente importante no reenviar ni distribuir imágenes sexuales de menores, aunque se haga con la intención de pedir ayuda.
¿Y qué debe saber un adolescente antes de iniciar el año escolar?
En la adolescencia la conversación necesita ser más directa.
Un joven debería recibir información científica y comprensible sobre los cambios de la pubertad, la menstruación, la eyaculación, la higiene, la imagen corporal y las emociones.
También necesita herramientas para reconocer una relación saludable.
Una relación basada en respeto, comunicación, libertad y límites es diferente de una relación marcada por control, celos, amenazas, aislamiento o presión.
El consentimiento también debe explicarse claramente: tener una relación, haber tenido una relación sexual previamente o estar enamorados no significa que exista consentimiento permanente.
Los adolescentes necesitan además información sobre prevención del embarazo y de infecciones de transmisión sexual, anticoncepción y preservativos, así como orientación sobre dónde obtener información y atención sanitaria confiable.
La pornografía también requiere una conversación
Otro tema que muchas familias prefieren evitar es la pornografía.
Sin embargo, prohibirla sin explicar sus características puede dejar al adolescente solo frente a un contenido que puede encontrar accidentalmente o buscar por curiosidad.
La conversación no debe convertirse en una clase moralizante. Se puede explicar que la pornografía es contenido producido para adultos y que no constituye un manual sobre cómo deben ser las relaciones sexuales, los cuerpos o el consentimiento.
La alfabetización digital también implica enseñar a los adolescentes a cuestionar lo que ven en Internet, identificar contenidos manipulados, reconocer situaciones de presión y comprender que una imagen íntima no debe compartirse sin autorización.
La conversación más importante: “puedes contarme”
La educación sexual comienza en casa, pero no necesariamente con una larga charla.
Puede comenzar con pequeñas conversaciones cotidianas.
Cuando un niño pregunta por su cuerpo, responder con naturalidad.
Cuando un adolescente habla de una relación, escuchar antes de juzgar.
Cuando aparece una situación incómoda en redes sociales, aprovecharla como una oportunidad educativa.
Y, sobre todo, construir una relación en la que el hijo sepa que pedir ayuda no significa automáticamente perder el teléfono, recibir un castigo o ser culpado.
Porque si un niño o adolescente teme la reacción de sus padres, probablemente buscará respuestas en otro lugar.
La lista que también debería estar en la mochila
Antes de comenzar el año escolar, los padres pueden hacerse algunas preguntas:
- ¿Mi hijo sabe nombrar las partes de su cuerpo?
- ¿Sabe que puede decir “no”?
- ¿Entiende qué significa respetar los límites de otra persona?
- ¿Sabe a qué adulto acudir si algo le incomoda?
- ¿Puede hablar conmigo sin miedo a ser castigado?
- ¿Sabe qué hacer si recibe contenido sexual por Internet?
- ¿Conoce los riesgos de compartir fotografías íntimas?
- ¿Entiende qué significa consentimiento?
- ¿Tiene información confiable sobre los cambios de la pubertad?
- ¿Sabe reconocer señales de control o violencia en una relación?
El regreso a clases puede ser una oportunidad para revisar no solamente los útiles escolares, sino también las herramientas emocionales y de protección que nuestros hijos necesitan para desenvolverse en el mundo real y digital.
La educación sexual no busca adelantar etapas. Busca que cada niño y adolescente tenga información adecuada para su edad, pueda reconocer sus límites, respete los de los demás y tenga la confianza suficiente para pedir ayuda cuando la necesite.
Porque una mochila puede llevar cuadernos, libros y lápices.
Pero también debería llevar algo que no se compra en una papelería: conocimiento para cuidar el propio cuerpo y respetar el de los demás.


