Cada 9 de septiembre se celebra el Día Internacional de la Belleza, una fecha que nació para reconocer a la industria estética, pero que hoy también invita a cuestionar los cánones de belleza y la relación que tenemos con nuestra propia imagen.
July Ruiz / Notimercio
La belleza tiene una particularidad: todos hablamos de ella, pero no todos la entendemos de la misma manera. Lo que una cultura considera atractivo puede ser completamente diferente en otra. Incluso dentro de una misma sociedad, los ideales cambian con las generaciones, las tendencias y la influencia de los medios.
Cada 9 de septiembre se conmemora el Día Internacional de la Belleza, una fecha impulsada por el Comité Internacional de Estética y Cosmetología (CIDESCO) para reconocer la importancia de la estética y de los profesionales que trabajan en este campo. Con el tiempo, la celebración también se convirtió en una oportunidad para reflexionar sobre la diversidad y sobre la presión que pueden generar los estándares físicos.
Una industria que mueve miles de millones
La belleza también es un enorme fenómeno económico. McKinsey estima que la industria global de la belleza alcanza aproximadamente USD 450.000 millones y señala que el sector creció alrededor de 7% anual entre 2022 y 2024.
Otros datos muestran una dimensión todavía mayor: Euromonitor calculó que las ventas mundiales de productos de belleza y cuidado personal llegaron a USD 593.000 millones en 2024, con un crecimiento de 6,7% frente al año anterior.
América Latina, además, se encuentra entre las regiones con mayor dinamismo. NielsenIQ reportó un crecimiento interanual de 19,1% en valor para el mercado latinoamericano de belleza en 2024-2025.
Pero detrás de estas cifras existe un cambio importante: la belleza ya no se relaciona únicamente con maquillaje, cabello o apariencia física.
¿Qué significa ser bella o bello?
Una encuesta global de McKinsey realizada en 2025 encontró que poco más de la mitad de los consumidores relaciona la belleza principalmente con sentirse seguros de sí mismos. También aparecen conceptos como amarse y cuidar la mente y el cuerpo, mientras que “verse atractivo para los demás” o “parecer más joven” fueron mencionados por cerca del 26% de los participantes.
Este cambio es relevante porque plantea una pregunta: ¿nos arreglamos para sentirnos bien o para cumplir con lo que otros esperan de nosotros?
El cuidado personal puede ser una forma de expresión, placer y bienestar. El problema aparece cuando deja de ser una elección y se convierte en una obligación: tener determinado cuerpo, aparentar cierta edad, ocultar las canas, eliminar las arrugas o alcanzar una apariencia que muchas veces solo existe después de filtros, edición digital o procedimientos.
Las redes sociales cambiaron el espejo
Instagram, TikTok y otras plataformas ampliaron las posibilidades de expresión, pero también hicieron que la comparación sea prácticamente permanente.
Una investigación reciente que analizó más de 793.000 registros de publicidad, portadas de revistas, pasarelas y editoriales durante 25 años encontró que la representación se ha vuelto más diversa, pero que el ideal de delgadez continúa teniendo un peso importante, especialmente en los espacios de mayor prestigio de la industria.
Esto ayuda a entender por qué hablar de belleza también implica hablar de autoestima, salud mental y representación.
La nueva belleza: elegir en lugar de obedecer
La discusión contemporánea no debería ser si maquillarse está bien o mal, si hacerse un tratamiento estético es superficial o si envejecer naturalmente es la única opción válida.
La verdadera pregunta es otra: ¿podemos elegir cómo queremos vernos sin sentir que debemos parecernos a alguien más?
Cuidar la piel, maquillarse, cambiar el cabello, vestirse de determinada manera, hacerse un procedimiento estético o simplemente decidir no hacer nada pueden ser elecciones personales. El desafío está en que esas decisiones nazcan del deseo y no de la presión.
El propio sector de bienestar reconoce esta dualidad. El Global Wellness Institute señala que el cuidado personal y la belleza pueden formar parte del autocuidado, la expresión individual, la dignidad y la libertad; pero también advierte que los estándares artificiales y la obsesión por las imperfecciones pueden generar inseguridad y afectar el bienestar psicológico.
Belleza también es diversidad
El Día Internacional de la Belleza puede ser, entonces, algo más que una celebración de cosméticos, tratamientos o tendencias.
Puede ser una oportunidad para reconocer la belleza de diferentes edades, cuerpos, colores de piel, rasgos, estilos y formas de expresarse.
Porque quizá el verdadero cambio no consiste en construir un nuevo estándar de belleza, sino en dejar de necesitar uno.
La belleza no debería ser una medida para determinar cuánto valemos. Puede ser, simplemente, una de las muchas formas que tenemos de expresarnos y sentirnos bien con quienes somos.


