La Organización Meteorológica Mundial prevé que el fenómeno alcance una intensidad muy fuerte hacia finales de 2026. Ecuador mantiene una alerta roja nacional y prepara medidas ante posibles impactos por lluvias, inundaciones y otros eventos extremos.
El fenómeno de El Niño ya está consolidado y continuará fortaleciéndose durante los próximos meses, según el más reciente informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), organismo especializado de Naciones Unidas. El pronóstico señala que el evento podría alcanzar una intensidad muy fuerte hacia finales de 2026 y mantenerse hasta febrero de 2027.
La OMM estima una probabilidad cercana al 100 % de que El Niño persista hasta febrero de 2027, una previsión excepcionalmente alta. El organismo advierte que las condiciones oceánicas podrían modificar los patrones habituales de temperatura y precipitaciones y aumentar el riesgo de fenómenos extremos en distintas partes del planeta.
¿Qué significa el pronóstico para Ecuador?
Ecuador se encuentra entre los países que deben mantener una vigilancia especial debido a su exposición histórica a los efectos de El Niño, particularmente en la región Costa.
La Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos declaró alerta roja en todo el territorio nacional por el fenómeno. Esta medida busca elevar el nivel de preparación institucional, activar mecanismos de coordinación y fortalecer el monitoreo frente a posibles impactos.
La Secretaría ha señalado que la alerta roja no significa que vayan a producirse lluvias intensas de manera inmediata. La declaratoria está relacionada con la necesidad de anticipar escenarios y activar planes de respuesta ante una eventual intensificación del fenómeno.
El Niño no significa las mismas condiciones en todo el país
Los efectos del fenómeno pueden variar significativamente según la región y la época del año.
En la Costa ecuatoriana, El Niño suele asociarse con mayores precipitaciones, lluvias intensas, inundaciones y desbordamientos de ríos. En determinadas zonas de la Sierra, en cambio, puede favorecer condiciones más secas.
Por esta razón, la intensidad global del fenómeno no permite determinar por sí sola cuánto lloverá en una ciudad o provincia específica. La OMM también advierte que otros factores oceánicos y atmosféricos pueden reforzar, debilitar o modificar los efectos regionales de El Niño.
Inocar mantiene el monitoreo del Pacífico
El Instituto Oceanográfico y Antártico de la Armada (Inocar) mantiene vigilancia sobre las condiciones del océano frente a las costas ecuatorianas.
A finales de agosto, el organismo inició el XXIX Crucero Regional Conjunto de Investigación Oceanográfica en el Pacífico Sudeste 2026, una campaña científica destinada a recopilar información sobre la evolución de las condiciones océano-atmosféricas relacionadas con El Niño.
Durante aproximadamente un mes y medio, los equipos técnicos realizarán 59 estaciones oceanográficas frente a la costa continental y en las islas Galápagos. Se recogerán datos de temperatura y salinidad, corrientes marinas, variables meteorológicas y muestras para analizar las condiciones del ecosistema marino.
Esta información permitirá mejorar el seguimiento del fenómeno y aportar elementos técnicos para la toma de decisiones de las autoridades.
Preparación ante posibles lluvias e inundaciones
La declaratoria de alerta también implica reforzar las acciones preventivas. Según la Secretaría de Gestión de Riesgos, alrededor de 1,3 millones de personas podrían estar expuestas a los efectos de El Niño en 17 provincias, con especial atención a las zonas costeras.
El Gobierno ha informado que se han destinado USD 650 millones para acciones relacionadas con la prevención y respuesta frente al fenómeno. De acuerdo con la Secretaría, el 70 % corresponde a prevención y el 30 % a acciones de respuesta.
La preparación incluye el monitoreo de zonas susceptibles a inundaciones y movimientos de masa, la coordinación entre instituciones y la activación de planes de contingencia.
Un fenómeno con impacto global
El Niño se produce por un calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental, acompañado de cambios en la circulación atmosférica. Estas alteraciones pueden modificar los patrones de lluvia y temperatura a miles de kilómetros de distancia.
Para septiembre-noviembre de 2026, la OMM prevé temperaturas superiores a lo normal en casi todas las zonas terrestres del planeta y patrones de precipitación compatibles con una respuesta atmosférica intensa asociada a El Niño.
La organización también señala que las consecuencias concretas dependerán de las condiciones de cada región y de otros factores climáticos que interactúan con el fenómeno.
La alerta busca anticiparse al impacto
Para Ecuador, el principal desafío será convertir la información científica en acciones preventivas antes de que se produzcan los posibles impactos más severos.
El Inocar continuará con el monitoreo de las condiciones del Pacífico, mientras las autoridades de gestión de riesgos mantienen activos los mecanismos de preparación. La evolución durante los próximos meses será clave para determinar cómo se manifiesta El Niño en cada región del país.
La OMM insiste en que los sistemas de alerta temprana y preparación anticipada son fundamentales ante un evento que podría alterar significativamente los patrones climáticos hasta entrado 2027.


