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Silvia Buendía puso sobre la mesa lo que Ecuador callaba

July Ruiz
4 Min Read
Una vida dedicada a la defensa de los derechos y la justicia.

Abogada, comunicadora y activista, llevó a la televisión y al debate público temas que durante años permanecieron entre prejuicios y silencios. Su muerte despertó una despedida que cruzó el mundo artístico, jurídico y social.

Diana Peñafiel / Notimercio

Hubo un tiempo, no demasiado lejano, en que hablar de homosexualidad, aborto, matrimonio igualitario o discriminación en la televisión ecuatoriana podía provocar rechazo y hasta ataques personales. Silvia Buendía decidió hacerlo de todas formas. Esa capacidad para poner sobre la mesa aquello que buena parte de la sociedad prefería evitar terminó convirtiéndose en uno de sus mayores aportes a la conversación pública del país.

Su muerte, ocurrida el 24 de agosto, volvió a reunir muchas de las voces que alguna vez compartieron con ella esos debates. Érika Vélez, Pamela Cortés, Dallyana Passailaigue, María Mercedes Cuesta y Susi Hidalgo estuvieron entre quienes expresaron públicamente su pesar, junto con periodistas, juristas y activistas. Más que una sucesión de condolencias, las despedidas revelaron la amplitud de los espacios que Buendía atravesó durante su vida.

Uno de ellos fue Así Somos. El programa de Ecuavisa apareció en 2010 con una mesa integrada por mujeres y una propuesta poco habitual para la televisión abierta de entonces: conversar sin rodeos sobre asuntos que iban desde las relaciones personales hasta la sexualidad y los derechos. Buendía encontró allí una vitrina masiva para discusiones que ya formaban parte de su trabajo fuera de cámaras.

Su exposición mediática nunca estuvo separada de sus convicciones. Como abogada defendió los derechos de mujeres y personas LGBTI, fue portavoz de la Red LGBTI Diversidad Ecuador y acompañó la lucha por el matrimonio igualitario años antes de que fuera reconocido en el país. También denunció las llamadas clínicas de “deshomosexualización” y llevó estas preocupaciones a escenarios internacionales de derechos humanos. Su trabajo también cruzó fronteras.

La cultura también fue parte de ese recorrido. Buendía estuvo vinculada al impulso inicial de Casa Morada, espacio independiente de Guayaquil que abrió sus puertas a la literatura, el cine, los talleres y distintas expresiones artísticas. Allí aparece otra dimensión de su legado: la creación de lugares donde podían encontrarse ideas, personas y manifestaciones que no siempre tenían cabida en los circuitos tradicionales.

Silvia podía estar frente a una cámara, escribir una columna, argumentar desde el derecho o acompañar una causa. Cambiaba el escenario, no la discusión. Su presencia pública estuvo atravesada por una insistencia: cuestionar los límites que la sociedad imponía sobre la vida y las decisiones de otras personas.

Por eso las despedidas de estos días cuentan también una parte de su historia. Las mujeres que alguna vez discutieron junto a ella frente a las cámaras hoy la recuerdan desde lugares distintos de la cultura ecuatoriana. Entre aquellos debates y estos mensajes transcurrieron más de quince años. Ecuador también cambió durante ese tiempo.

Silvia Buendía estuvo entre quienes empujaron algunas de esas conversaciones cuando todavía resultaba más sencillo callarlas.

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