Elking Araujo / Para Notimercio
Museo
La primera vez que visité el Museo del Prado en Madrid, joven y ansioso por descubrir personalmente el arte español, al ingresar, pregunté al guardia si podía dejar mi mochila en consignación. Saludé al guardia: «Buenas tardes», e hice la pregunta.
El guardia me contestó así: «Hola. Sí, puedes dejarla ahí». La respuesta resultó en uno de mis primeros desencuentros culturales. En Ecuador, ningún guardia te responde con «hola» a un «buenas tardes» ni te tutea.
Tratamiento
Un simple pronombre como «tú» implica muchas cosas en una cultura. En general, la elección del «usted» o del «tú» depende de factores externos a la lengua. Por ejemplo, de cuánta cercanía existe entre los interlocutores. También, de si existe algún grado de poder de un interlocutor sobre otro (en general, un empleado no puede dejar de usar el «usted» para dirigirse a su jefe).
Cambio
De manera general, cuando dos personas empiezan a tratarse —estamos hablando del contexto ecuatoriano, aunque pueda extenderse a otros ámbitos—, es habitual empezar ustedeándose.
Pero puede ocurrir que, en determinado momento, decidan que se puede pasar ya al tú. Suele ser un acuerdo, una propuesta que nace de uno y el otro asiente. La pregunta habitual en estos casos es: «¿podemos tutearnos?».
Edad
El patrón de la edad también suele regir el uso de tú o de usted. Aprendí oyendo, viendo y también siendo corregido que a las personas mayores se las trata de usted. Mi generación no podía tutear, por ejemplo, a sus abuelos. Pero la generación actual ha cambiado eso. Mi hija tutea a su abuela, a aquella con la que tiene mayor cercanía.
Cuando conocí a mi directora de tesis, la Dra. Angelita Martínez, su currículo y su impresionante talante académico, sumados a que es una mujer mayor que yo, me condicionaron prácticamente a tratarla de usted. Angelita es argentina. Y un día, compartiendo en La Plata con otros de sus estudiantes, descubrí que todos la tuteaban. Otra cultura, otro tipo de cercanía.
Cambio sin consenso
Un problema interesante surge cuando uno de los interlocutores, que se tratan de usted, decide pasar al tú. En algunas situaciones puede interpretarse como una falta de respeto.
Haga usted la prueba, amigo lector o amiga lectora. Si el día de mañana una persona con la que siempre se ha tratado de «usted» de pronto le dice: «Oye, te cuento…», ¿cómo se sentiría? ¿Cómo tomaría este cambio?
Por supuesto, debe ponerle una cara a esa persona. Y luego de hacer la prueba, cambie la cara: su jefe, su médico, un vendedor, alguien menor que usted.
Comprobará, aquí también, que el lenguaje es más que palabras.


