Su rica memoria milenaria trasciende los archivos tradicionales para consolidarse como un estandarte vivo de orgullo patrimonial y conciencia ciudadana en la sociedad.
El Duende / Para Notimercio
Quito es la capital de la República del Ecuador. Está situada a 2.850 m.s.n.m. en las faldas del volcán Pichincha. Según investigaciones arqueológicas, al oriente, en la zona de El Inga -en las cercanías de Tumbaco-, vivieron pueblos nómadas -cazadores y recolectores- alrededor de 10.300 años a.C., considerado el sitio más antiguo del país. Las fuentes de obsidiana, de originen volcánico, utilizadas como cuchillos y lanzas, son pruebas fehacientes del período denominado paleoindio.
Esa sociedad se asentó en las montañas de Tasitagua y Pichincha, en el paleolítico ecuatoriano. Y con la sedentarización apareció la agricultura, asociada a la domesticación de plantas y animales. Esos pueblos crearon centros ceremoniales, intercambiaron productos e iniciaron la confección de objetos de cerámica para uso doméstico y representaciones simbólicas de carácter zoomórficas.
El yacimiento arqueológico de Rumipamba (1.500 a.C.- 900 d.C.) registra aldeas sedentarias y necrópolis, abandonadas por varias ocasiones, por las erupciones de los volcanes Pichincha y Pululahua.
· Quito aborigen
El sentido original de topónimo Quito sugiere un origen indígena. “Quitza” significa “mitad”, y también “luz directa”. Juan de Velasco, jesuita, considerado el primer historiador del Ecuador, atribuye su nombre al cacique Quito, que proviene de Quitumbe, descrito en la conocida obra: “Historia del Reino de Quito en la América y crónica de la provincia de la Compañía de Jesús del mismo Reino».
El padre Juan de Velasco fue categórico al expresar la razón por la que escribió la Historia del Reino de Quito. Conforme a sus propias palabras, lo hizo “no tanto para complacer a otros, cuanto, por hacer un corto obsequio a la nación y a la Patria, ultrajada por algunas plumas rivales que pretenden obscurecer sus glorias”.
La propuesta original de Velasco delató la existencia del Reino de Quito -sede de los Quitus-, hipótesis que fue cuestionada por Jacinto Jijón Y Caamaño, y reivindicada por Federico González Suárez, otro historiador de prestigio.
Como contexto es necesario resaltar las figuras que marcaron las raíces profundas de nuestra identidad: Juan de Velasco y Federico González Suárez, la historia; Pedro Vicente Maldonado, la geografía; y, Eugenio Espejo, el espíritu libertario.
· Prehistoria e historia
Quito fue y es una urbe andina ubicada en el centro del mundo. Abya-Yala –“tierra en plena madurez”- fue su escenario vital. Su prehistoria e historia están asociadas a los orígenes de los primeros pobladores del Ecuador, y su trayectoria ha sido descrita por cronistas en las diferentes épocas: aborigen, colonia, independencia y república.
Las informaciones sobre la antigüedad quiteña han sido resultado de investigaciones arqueológicas y provenientes de la tradición oral, recopiladas por Juan de Velasco, González Suárez y Cieza de León, entre otros.
· Quito milenario
La recuperación del Quito milenario es importante. Quito es un museo vivo de historias, leyendas y tradiciones legendarias, que constituyen las raíces de nuestra identidad mestiza.
El arte precolombino, antes de la llegada de los incas, existió en nuestro terruño. El Ecuador fue habitado por grupos indígenas correspondientes a veinte culturas, que expresaron sus vivencias en objetos de uso ritual, ceremonial y cotidiano: estatuillas, botellas, silbatos, pinzas, cinceles y pulidores, para expresarlos en cerámicas, piedras, conchas, textiles y maderas.
¡Por qué el Quito milenario vive en nuestras entrañas!


