Un femicidio cada 22 horas
Rubén Darío Buitrón / Notimercio
Querida lectora, querido lector:
Lizeth Bunshi era madre de un niño de 9 años, trabajaba como estilista profesional y se encargaba del cuidado de su madre, quien tiene discapacidad. Tenía ojos cafés, cabello negro y medía 1,55 metros.
Lizeth salió de su vivienda, en el valle de Los Chillos, el sábado 18 de julio. Tenía previsto reunirse con su novio y un grupo de amigos. Discutió con su pareja y luego salió a caminar con un amigo, Cristian Gonzalo V.
Un habitante de calle aseguró que presenció una discusión entre Lizeth y el hombre. Escuchó amenazas contra la joven y oyó cómo ella gritaba y pedía ayuda.
Finalmente, tras 37 días de búsqueda, su cadáver fue encontrado en el río Machángara. Se presume que el asesino la empujó y ella murió en su caída.
Una tragedia familiar. Pero, en el actual contexto social, una tragedia para el país.
¿Cómo es posible que en el Ecuador se produzca un femicidio cada 22 horas? ¿Por qué, en el marco de la violencia desatada en el país por la narcodelincuencia, el creciente fenómeno llega a mujeres inocentes, víctimas del machismo, el patriarcado, el complejo masculino de pertenencia y la presunta supremacía del hombre?
Es un tema pendiente para las instituciones públicas y privadas. Porque frenar el espantoso aumento de las cifras del femicidio es una tarea de todos y a todo nivel, desde el familiar hasta el estatal.


