La capital registra una ligera disminución de víctimas fatales, pero las cifras muestran que los accidentes continúan concentrándose en determinadas vías, horarios y grupos de usuarios.
Quito mantiene una preocupación constante por la seguridad vial. Aunque los controles de tránsito se han intensificado y las autoridades reportan una reducción en el número de fallecidos, los siniestros continúan ocurriendo con frecuencia en las principales vías de la capital.
Entre enero y julio de 2026, la Agencia Metropolitana de Tránsito (AMT) contabilizó alrededor de 2.200 siniestros, más de 1.300 personas lesionadas y 146 fallecidos. Frente al mismo período de 2025, la entidad reportó una disminución de 3,95% en las muertes y de 0,81% en personas lesionadas.
Sin embargo, el problema continúa teniendo puntos críticos. La avenida Simón Bolívar encabeza el registro de siniestros entre enero y julio, seguida por la Mariscal Sucre, la avenida Maldonado y la 6 de Diciembre. Los fines de semana también concentran una parte importante de los casos registrados.
Los motociclistas representan uno de los grupos más afectados. Según los datos analizados por El Comercio, los ocupantes de motocicletas concentraron el 45% de las víctimas fatales registradas durante los primeros siete meses del año. Los peatones representaron el 28%.
El consumo de alcohol también permanece entre los factores de riesgo. Entre enero y el 14 de agosto de 2026, la AMT reportó 860 conductores aprehendidos por manejar bajo los efectos del alcohol, frente a 447 en el mismo período de 2025. Esto representa un incremento de 92,4% en las aprehensiones, asociado también al aumento de los operativos.
Las autoridades sostienen que los controles permanentes, las restricciones para vehículos pesados y las campañas de prevención han contribuido a mejorar algunos indicadores. No obstante, especialistas consideran que la reducción de los siniestros requiere acciones que vayan más allá de las sanciones.
La educación vial, el comportamiento de conductores y peatones, la infraestructura y la planificación de rutas aparecen como elementos fundamentales para disminuir los riesgos. El desafío para Quito, por tanto, no está únicamente en aumentar los controles, sino en consolidar una cultura de movilidad segura que permita reducir de manera sostenida las víctimas en las vías.


