Los seguros que más se usan en Ecuador (y los que muchos creen que no necesitan)

abigailcadena@notimercio.ec
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Entender el verdadero valor de los seguros puede hacer la diferencia en momentos críticos.

En medio de una economía familiar que aún navega entre ingresos ajustados y prioridades cotidianas, los seguros en Ecuador siguen siendo un tema que genera dudas y decisiones tardías. A pesar de ello, las cifras más recientes muestran que el mercado asegurador local continúa creciendo, aunque de forma moderada, reflejando que más personas y empresas buscan alguna forma de protección ante riesgos cotidianos.

Según datos del sector, el volumen total de primas netas en Ecuador alcanzó los 2.231,1 millones de dólares en 2024, un incremento del 1,3% frente al año anterior, en un contexto de menor demanda de bienes y servicios por parte de los hogares. Este comportamiento va acompañado de tendencias interesantes: el mercado ha mostrado un crecimiento sostenido a largo plazo y datos del mercado regional señalan que el sector asegurador en América Latina alcanzó un volumen de 215.100 millones de dólares en primas, con un crecimiento del 5,8%, aunque con variación entre países.

Dentro de Ecuador, los seguros de vida colectiva, autos y salud son parte de los ramos que impulsan este crecimiento. Un informe reciente indicó que en enero de 2025 los ramos de vida aumentaron 4%, autos 5% y salud 12% en primas emitidas, evidenciando que muchas familias están empezando a buscar protección en estas áreas.

Percepción vs. Realidad

Sin embargo, esta realidad aún choca con la percepción de muchos consumidores. “Existe la idea de que los seguros se usan poco o que solo aplican para situaciones extremas, cuando en la práctica los siniestros más frecuentes están vinculados a eventos comunes de la vida diaria”, explica Walter Solórzano, Gerente de Operaciones e Indemnizaciones de Generali Ecuador. “La mayoría de reclamos que vemos no tienen que ver con catástrofes, sino con accidentes, enfermedades inesperadas o daños que ocurren en cualquier hogar”.

Esta discrepancia entre percepción y uso se refleja en estadísticas globales y regionales: aunque el mercado latinoamericano supera los 200.000 millones de dólares en primas, el gasto per cápita en seguros —incluyendo vida y no vida— sigue siendo bajo si se compara con economías de mayor desarrollo, lo que sugiere que muchos hogares aún no adoptan coberturas básicas.

Otra tendencia relevante es que, dentro del mercado ecuatoriano, la ramificación de coberturas muestra comportamientos particulares. Por ejemplo, aunque los seguros vinculados a vehículos y salud han visto aumentos en primas emitidas, hay segmentos como los seguros de riesgo catastrófico o patrimoniales que todavía no alcanzan una penetración significativa entre la población.

“Muchas personas se sorprenden al descubrir que los seguros que creían no necesitar son los que terminan usando con más frecuencia. Hay una brecha entre lo que la gente piensa que es un riesgo y lo que realmente termina afectando su economía.

Solórzano.

Este fenómeno no solo tiene implicaciones individuales, sino también sociales: cuando un siniestro no está cubierto, el impacto en la estabilidad financiera familiar puede prolongarse por meses o incluso años.

Además, estudios del sector aseguran que la proporción de hogares que cuentan con protección formal ante riesgos cotidianos —como accidentes, emergencias médicas o daños patrimoniales— aún es baja en comparación con otros países de la región, lo que sugiere una oportunidad para fortalecer la cultura de prevención y planificación financiera.

Los expertos aseguran que esta condición no solo se traduce en menos pólizas contratadas, sino también en una menor comprensión de las coberturas y beneficios reales. En este sentido, no se trata únicamente de “tener un seguro”, sino de entender qué riesgos se presentan más y cómo impactan en la vida diaria de las personas.

“Cuando ocurre un siniestro, el seguro deja de ser un papel y se convierte en alivio. Ahí es cuando se entiende su verdadero valor, pero idealmente esa comprensión debería llegar antes, no después”.

Expertos en la investigación

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