Pipo Laso: “El mundo digital debe servirnos para construir una sociedad mejor”

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El proyecto de Pipo Laso representa una innovadora iniciativa para educar a las nuevas generaciones sobre la ciudadanía y los valores democráticos, desafiando la polarización y promoviendo un futuro más positivo y participativo.

Rubén Darío Buitrón/Director de Notimercio

Leonardo “Pipo” Laso es un quiteño que ha hecho de todo: su vida ha transcurrido entre la música, la publicidad, la consultoría política y las asesorías empresariales en algunos países. Pero, incansable como es, hoy está feliz con su nuevo proyecto. Muy nuevo…

Yo suelo decir que somos analfabetos cívicos. Nos enseñaron a leer y escribir, pero no qué es ser ciudadano. En este entorno aparece Pipo Laso. 

-¿De dónde salió este proyecto? 

-Del amor a la ciudad y al país. Yo venía trabajando en una plataforma digital de pedagogía cívica que debata valores, principios democráticos, hábitos de convivencia, respeto y solidaridad.

-Y en el marco de una lógica de la polarización que se aviva desde el poder. Como lo hacen Trump, Putin, Milei, Maduro, Petro…

-Esta lógica de los extremos hace que la sensatez aparezca como tibia y que no tenga sentido ni espacio. Y en donde más se expresa es en redes sociales. Entonces se crea el mito de que en las redes sólo pega el escándalo, la pelea, la polarización. Estaba consciente de que alguien que entre a pelear un espacio en las redes la tenía difícil.

-Porque en Ecuador hay más de 3.000 medios digitales y en el mundo se crean millones de cuentas cada día. Es abrumador.

-Claro. Competir en eso es muy difícil. Estaba en eso y un día tomando un café en El Bosque me encuentro con un amigo querido y me dice que está construyendo marca personal, “porque si no estás en el mundo digital no existes”. Y me dice “de hecho, tú serías una muy buena marca personal. Pipo, pípol, people, es muy bueno”.

-Una casualidad que te llevó a una causalidad…

-Así fue. Juntamos el concepto de los temas cívicos con mi apodo y con un hecho real que es el que los jóvenes se refieren a “la pípol”, a la gente común, a la de a pie. Me pareció un concepto maravilloso porque además era, no sé, como cuando Henry Ford debe haber bautizado sus carros. O el señor Honda o el señor Mitsubishi. 

-Y, además, es lo que eres…

-Lo que he sido toda mi vida, porque siempre pensé en términos cívicos. Me molesta la ciudad sucia, la violencia en la relación ciudadana. Son principios fundamentales y la mayoría de la gente piensa así. Cuando uno conversa con amigos, en la escuela, el barrio, siempre te dicen “lo que pasa es que ya no hay principios y valores. Se ha perdido la ética”.

-Entonces plasmas estas ideas a pesar de lo que se dice…

-Sí, un proyecto que lo estamos haciendo en un estilo lúdico, postmoderno, con lenguajes muy livianos para empacarnos en el mundo digital, un mundo distinto a la comunicación tradicional.

-¿Con la intención de llegar a los jóvenes? 

-Llegar, sobre todo, a las nuevas generaciones. Los mayores decimos “ya no hay ética”, pero los jóvenes ni siquiera reflexionan sobre eso. Entonces hemos hecho un esfuerzo cooperativo común, a pulso, porque hay que meter recursos, sostener un equipo de producción, comprar licencias, armar, publicar, pautar. Primero hicimos unos demos y me acerqué a posibles auspiciantes, empresarios, amigos, pero la respuesta siempre era: “¿Pero tú crees que esto les interesa a los jóvenes? Y dudaban”.  

-Aun así, te lanzaste a la aventura…

-Pensé que puede ser que en los jóvenes estén ausentes estas ideas, pero no es culpa de ellos. Si nadie les enseñó y nadie les dijo que existes, si no saben que existen Gandhi, Martin Luther King, Mandela o Eugenio Espejo, no saben qué carajo son los principios y valores. 

-A diferencia de nosotros, que en el colegio aprendimos lógica y ética, filosofía, historia del pensamiento universal…

-Exactamente. Entonces, les hablas de Kant o de Shopenhauer y ni idea. De hecho, eso me decía alguna gente, “pero hermano, si no conocen ni a Gandhi, esto no va a pegar”. Y yo dije bueno, veamos…

Y pegó…

-Súper bien. Cumplimos tres semanas en TikTok (esta entrevista fue hace 14 días) y tenemos más de 7.000 seguidores, crecemos 200 diarios y cumplimos una semana en YouTube y tenemos 1.100 seguidores. Estamos creciendo igual 150 por día. Ni siquiera publicamos todos los días, porque como tenemos un stock limitado de videos, publicamos de a poco para ir testeando. Pero es sorprendente. Las visualizaciones de nuestros videos se dividen en bloques. Un tercio de visitantes son jóvenes entre 18 y 24 años. Es fuerte. Hay vídeos que llegan al 45% de visualizaciones y son de esos jóvenes. Nos falta entrar en más jóvenes, en los adolescentes, que es un mercado más difícil y para eso tenemos que diseñar productos más específicos, porque al adolescente todavía no le va a interesar la educación vial o la educación financiera, pero, de todos modos, ya es un éxito tener un tercio de los suscriptores de 18 a 24 años.

-Has derribado un mito…

-Se derribó un mito. Yo estaba en ese trato con posibles auspiciantes y llegó un momento que no podía dormir porque la pregunta era si pegará o no pegará. Yo estaba cometiendo un error porque estaba contando que puedo hacer una pizza riquísima, pero lo que debo hacer es hacerte oler la pizza y entonces me compras. Entonces dije yo mismo tengo que publicar. Y un día dije publicamos. Entremos y el lunes arrancamos. Empezamos en TikTok. Porque yo dije esa es la red más difícil, porque es además la que tiene el mito, que es donde hay más basura, donde todo es negativo, donde vende el escándalo, donde hay que bailar reggaetón y mostrar el culo. Eso era lo más complicado y nos fue del carajo desde el primer día. Entonces sorpresa total. Entonces vamos a cumplir un mes y cuando cumplamos un mes en una semana más vamos a estar cerca de 10.000 seguidores en TikTok. Una cosa que A cualquier cuenta normal se demora un año con éxito. Pero además esto es casi sin pauta, no.

-Es la calidad y lo novedoso del contenido…

-A eso iba, la calidad del contenido. Es un trabajo complejo. Primero, generar los personajes. Segundo, caracterizarlos en este estilo que estamos manejando, tipo Pixar, estilo de ilustración de cine. Y luego crear las escenas y animarlas y editarlas y hacer toda la postproducción final. No es un trabajo sencillo, pero estamos camellando y esa la razón del éxito.

-Hablemos del concepto en pocas palabras…

-El concepto es cívico. Los mensajes y guiones son un mensaje pedagógico, pero empacado en una cosa juguetona y bonita. Tienen ternura. Cuando ves a Tránsito Amaguaña o a Gandhi dando consejos sobre la salud mental o la felicidad, o cuando ve al Súper Chiquis, que es caracterización de mi perrito Mateo Manuel, uno ve y te sobrecoge, te atrae. Y eso es en el fondo lo que a mí me ha movido siempre. Somos seres humanos y no hay nada que pueda superar la capacidad humana de emocionarse. Claro, puede ser negativa, si es que me haces emputar, pero también puede ser positiva si me tocas la fibra de la ternura.

-Y las emociones no tienen edad…

-Exacto, el concepto es un paso intergeneracional. Por ejemplo, tengo el personaje de La Torera, pero caracterizada como una lógica postmoderna, es la Torera biker, con lo cual sintonizo con el mundo de la cultura ciclista.

-¿Cómo calzarán estos mensajes en una sociedad polarizada como la nuestra?

-Vivimos en una sociedad fragmentada, una colección de burbujas polarizantes: soy antivacunas y tú no, soy correísta y tú anticorreísta, soy pro-aborto y tú anti-aborto, es una colección de enfrentamientos. Y, entonces, mi proyecto es la burbuja del encuentro. Sí establecemos ese espacio de encuentro estamos creando una masa crítica de gente positiva, que va a promover valores, que piensa en esta línea. Es la mayoría silenciosa, porque la minoría ruidosa es la que manda en las redes y eso es lo que hay que romper. Más adelante, una vez que tengamos ya un grupo de seguidores más grande, queremos hacer otras cosas, hacer streaming, convocar a la gente a actividades solidarias, a cuidar la ciudad. Esto puede aterrizar en un proceso cívico potente, que además viene de la Pípol, no del poder. Ya no tenemos que ser un yaraví ambulante. Hay que cambiar la mentalidad derrotista y pesimista. Es una vacuna antipesimismo y antinegatividad. Es cambiar el futuro para el bien de todos.

-Al final, ¿en qué sueñas cuando haces Pípol?

– Pípol se puede convertir en una base de políticas de Estado que permanezcan y que nazca una nueva democracia. La idea es construir ciudadanía desde el mundo digital. Una masa crítica de gente consciente que impulse principios, valores y que por tanto defienda la democracia.

¿Qué piensas sobre este tema? Escríbenos a info@notimercio.ec

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