Bernardo Sandoval Córdova / Para Notimercio
En más de un siglo, la cirugía ha evolucionado de ser muy agresiva y desfigurante a ser mucho más conservadora y menos invasiva, preservando la estética y reduciendo complicaciones.
La cirugía continúa siendo la piedra angular del tratamiento del cáncer de mama, sin embargo, por si sola no es suficiente para lograr una curación y, en la mayoría de casos, se requiere de tratamiento adicional que puede o debe incluir quimioterapia convencional, terapia biológica dirigida, terapia hormonal y radioterapia. La cirugía para el cáncer de mama tiene connotaciones especiales que entrañan la preocupación por la distorsión de la imagen corporal y en ocasiones, dificultades sicológicas difíciles de sobrellevar. Ventajosamente, la cirugía para el tratamiento del cáncer de mama ha ido evolucionando de manera que, cada vez, es menor la agresividad quirúrgica.
En 1882, un cirujano estadounidense, William Halsted, realizó la cirugía que por 66 años fue el estándar quirúrgico: la mastectomía radical. La cirugía consistía en extirpar el seno, en bloque, con los ganglios linfáticos axilares y los músculos de la parte anterior de la pared torácica. La cirugía era muy grande y, sin duda, desfiguraba el cuerpo femenino. En 1948, un cirujano británico, David Patey, demostró que no había diferencia en los resultados si acaso se preservaba los músculos de la pared anterior del tórax, introduciendo lo que se dio en llamar la mastectomía radical modificada. En 1981, un cirujano oncólogo italiano, Umberto Veronesi, demostró que removiendo el tumor mamario con un margen de tejido no tumoral, es decir preservando el seno y realizando la remoción de los ganglios linfáticos de la axila, se obtenía resultados semejantes a los de la mastectomía radical modificada en cuanto a la sobrevida. Esto, que se ha denominado cirugía conservadora de la mama requiere el que se la complemente con radioterapia.
En el primer lustro de los años 90, el doctor Armando Giuliano en Santa Mónica, California, y el doctor David Krag de Vermont, implementaron la técnica de la biopsia del ganglio centinela que permitió desarrollar una cirugía aún menos invasiva y más conservadora que en muchos casos permite evitar el que se realice una amplia remoción de los ganglios linfáticos de la axila y con ello se reduzca la posibilidad de presentar la hinchazón del brazo, antebrazo y mano que corresponden a la axila operada. La biopsia del ganglio centinela se refiere a identificar, por medio de una sonda que capta la radiación de un fármaco inyectado alrededor del tumor, el primer ganglio linfático de la axila al que drena la linfa del seno. Si aquel ganglio linfático no está contaminado con cáncer, ni siquiera será necesario remover el conjunto de ganglios linfáticos de la axila.
Se puede apreciar que, en 110 años, la cirugía para el cáncer de mama ha evolucionado desde un procedimiento enorme y notablemente desfigurante a un procedimiento menor, con dos incisiones pequeñas y que preserva en gran medida la estética mamaria. A pesar de que no es posible evitar, en todos los casos, la mastectomía radical modificada o la disección axilar, en la mayoría de situaciones se logrará hacer una cirugía conservadora de la mama, con excelentes resultados. Este es un buen ejemplo en la medicina en el que el adagio “cuando menos, es más” se aplica perfectamente.
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