Ad image

ADELANTE MUCHACHADA

July Ruiz
3 Min Read
Columna por: Daniel Rivas Mariño

El fuego que reúne y el fuego que destruye

Para mí, el fuego siempre ha tenido dos rostros: uno capaz de arrasar con todo y otro capaz de reunirnos. El incendio ocurrido el pasado 15 de agosto en la emblemática Botica Bristol, en la ciudad de Riobamba, constituyó un golpe profundo para la memoria colectiva. No solo desaparecieron objetos, paredes y décadas de incansable labor, sino una fibra intangible de la historia familiar y urbana. No obstante, aun tras la crudeza de esa experiencia dolorosa, sigo concibiendo el fuego como un símbolo indomable de vida.

El calor de una parrilla convoca a los afectos. Alrededor de las brasas conversamos, cocinamos, reímos, compartimos música y compañía. El fuego es, ante todo, alimento y encuentro; es calidez, hospitalidad y comunidad. Gaston Bachelard dedicó una parte fundamental de su obra a explorar esta dimensión profundamente humana y simbólica de las llamas, recordándonos que estas “despiertan la imaginación, la memoria y la ensoñación”.

Hoy, sin embargo, el fuego también posee para mí otro significado que se cuela a través del olfato, el olor de la pérdida. Los aromas tienen una facultad extraordinaria para avivar los recuerdos más recónditos (una rosa, la sal del mar, un dejo dulce o agrio, el viento silbando entre los pinos) y, ahora, se suma esa estela calcinada que quedó suspendida tras la destrucción de la Botica Bristol. Lejos de negar esa huella doliente, mi propósito es transformarla.

Hannah Arendt comprendía que “la condición humana se edifica entre semejantes, mediante la palabra, la acción y los espacios comunes que decidimos habitar”. Quizá radique allí la esencia del verdadero liderazgo; negarse rotundamente a permitir que una catástrofe determine para siempre el sentido de aquello que amamos.

El fuego devoró una estructura física, pero jamás podrá reducir a cenizas lo que esa casa representó. Hoy elijo rescatar el otro fuego; el que reúne, alimenta, ilumina y abriga. Porque liderar también consiste en eso; transformar la memoria de la pérdida en el impulso perenne para volver a levantar los cimientos, reencontrarnos y encender, una vez más, la luz.

TAGGED:
Share This Article
No hay comentarios