Guayaquil concentra tres de cada 10 asesinatos de menores registrados en el país. Un análisis de los datos oficiales revela cómo la violencia letal contra niños y adolescentes se ha extendido a más cantones y cuáles son los territorios más afectados.
La violencia que golpea a Ecuador también tiene entre sus principales víctimas a niños y adolescentes. Aunque los homicidios generales registraron una reducción del 8% entre enero y julio de 2026 frente al mismo período de 2025, la tendencia entre los menores de edad fue diferente: 357 menores de 18 años fueron asesinados en los primeros siete meses de 2026, un 5% más que en el mismo período del año anterior.
El dato forma parte de un análisis realizado por El Comercio, que cruzó los registros de homicidios intencionales del Ministerio del Interior con la información del sistema educativo del Ministerio de Educación. La comparación permite observar la distribución territorial de las muertes violentas y su relación con la población estudiantil.
2025 fue el año más violento para los menores
La violencia contra este grupo poblacional ha aumentado de manera acelerada en los últimos años. Entre 2014 y 2020, Ecuador registraba entre 40 y 80 menores asesinados por año.
El escenario cambió a partir de 2021 y alcanzó su punto más crítico en 2025, cuando 586 menores de edad fueron asesinados, un incremento del 41% respecto de 2024. La cifra representa nueve veces el nivel registrado en 2020.
Los adolescentes son los principales afectados. El 81% de las víctimas registradas entre 2024 y julio de 2026 tenía entre 15 y 17 años, es decir, se encontraba en edades correspondientes a los últimos años de la etapa escolar.
La expansión territorial también es evidente. En 2021 se registraron homicidios de menores en 35 cantones del país. Para 2024, los casos ya estaban presentes en 85 cantones.
Guayaquil concentra el mayor número de víctimas
Entre 2024 y julio de 2026, Guayaquil concentró el 30% de los homicidios de menores registrados en Ecuador, con 413 víctimas.
Después aparecen Durán, Babahoyo, Esmeraldas y Machala, que también concentran una parte importante de los casos.
Sin embargo, el número absoluto de homicidios no necesariamente refleja la dimensión del problema en cada territorio. Cuando las muertes se comparan con la cantidad de estudiantes, Pueblo Viejo, en Los Ríos, registra la mayor relación entre víctimas y matrícula escolar, con 24 homicidios por cada 10.000 estudiantes. Durán ocupa el segundo lugar, con 18.
Esta comparación es únicamente una referencia territorial y no representa una tasa individual de riesgo para los estudiantes, advierte el análisis.
Cuatro parroquias concentran el 82% de las víctimas de Guayaquil y Durán
El análisis también profundizó en los territorios donde se concentra la violencia dentro de Guayaquil y Durán.
El Comercio georreferenció 524 homicidios de menores registrados en ambos territorios entre 2024 y julio de 2026. El resultado muestra que cuatro parroquias concentran 430 víctimas, equivalentes al 82% del total.
La parroquia de Pascuales, en el noroeste de Guayaquil, registra la mayor cantidad, con 145 menores asesinados.
Le siguen:
- Ximena, Guayaquil: 119 víctimas.
- Área urbana de Durán: 106 víctimas.
- Febres Cordero, Guayaquil: 60 víctimas.
Estas cifras evidencian que la violencia no se distribuye de manera uniforme, sino que se concentra en determinados sectores urbanos.
La mayoría de los asesinatos ocurre fuera de los colegios
Otro de los hallazgos del análisis es el lugar donde ocurren los homicidios.
Dos de cada tres menores asesinados murieron en la vía pública, mientras que solamente 20 homicidios de toda la serie 2014-2026 ocurrieron dentro de un plantel educativo.
Además, el 44% de los hechos ocurrió entre las 18:00 y las 23:00, un horario que está fuera de la jornada escolar habitual. Esto permite diferenciar la violencia que afecta a estudiantes de aquella que ocurre específicamente dentro de los establecimientos educativos.
Las armas de fuego son el principal mecanismo
Los datos de 2026 muestran el peso de las armas de fuego en la violencia contra adolescentes. Entre enero y abril se registraron 194 adolescentes asesinados, de los cuales 182, equivalentes al 94%, murieron por disparos de armas de fuego.
Para enero-julio, los registros citados por medios que trabajan con datos del Ministerio del Interior contabilizan 345 homicidios de menores, de los cuales 321 fueron cometidos con armas de fuego. Guayaquil concentró 111 casos y Durán 28.
La concentración de la violencia también se refleja en las provincias costeras. En el primer cuatrimestre, Guayas registró 104 homicidios de adolescentes, seguido por Los Ríos, con 25; Manabí, con 21; y El Oro, con 20.
Una violencia que se extiende más allá del crimen organizado
Los homicidios de menores no tienen un único origen. Los registros muestran casos relacionados con violencia criminal en espacios públicos, pero también muertes ocurridas dentro de los hogares.
Durante los primeros cuatro meses de 2026, de los 11 niños de entre cero y 11 años asesinados, siete murieron por armas de fuego en espacios públicos, principalmente en provincias de la Costa. Otros cuatro fueron víctimas de violencia intrafamiliar en distintos territorios del país.
El panorama plantea un desafío que va más allá de la seguridad pública: proteger a niños y adolescentes implica intervenir sobre los territorios donde se concentra la violencia, prevenir su captación por organizaciones criminales y fortalecer los mecanismos de protección familiar, comunitaria y escolar.
Un problema que ya es territorial
Los datos muestran que la violencia letal contra menores en Ecuador dejó de ser un fenómeno aislado. En cinco años pasó de concentrarse en 35 cantones a alcanzar 85, mientras Guayaquil y otros territorios de la Costa reúnen una proporción significativa de las víctimas.
El cruce entre homicidios y población escolar permite identificar con mayor precisión los territorios donde la infancia y la adolescencia están más expuestas. El desafío ahora es convertir esa información en políticas de prevención y protección que permitan reducir una violencia que, pese a la disminución general de homicidios en 2026, continúa cobrando más vidas entre los menores de edad.


