El ejemplar fue liberado en los bosques de Zuleta, en Imbabura, con un collar satelital que permitirá seguir sus pasos y conocer mejor cómo viven los osos andinos.
Primero fue un oso refugiado en lo alto de un árbol. Ahora, Cusín recorre nuevamente los bosques de Imbabura y cada uno de sus movimientos puede aportar información para proteger a su especie.
El joven oso andino, de aproximadamente dos años, apareció cerca de comunidades de la provincia después de abandonar el territorio en el que había permanecido junto a su madre. En su recorrido fue relacionado con ataques a animales de granja y algunos comuneros intentaron ahuyentarlo. Cusín terminó subiendo a un árbol, donde incluso construyó una especie de nido para pasar la noche.
La alerta movilizó a técnicos, veterinarios, investigadores, guardabosques, policías ambientales y habitantes de la zona. Tras un complejo procedimiento lograron capturarlo de manera segura, hidratarlo y evaluar su condición.
Cusín pesa alrededor de 40 kilos, mide cerca de 1,60 metros y todavía tiene bastante por crecer. Antes de devolverlo al bosque, los especialistas tomaron muestras y le colocaron un collar satelital.
Sus pasos ahora cuentan una historia
El dispositivo permitirá conocer sus desplazamientos, identificar los lugares donde encuentra alimento y entender cómo utiliza el territorio. La información ayudará a los investigadores a conocer mejor el comportamiento del oso andino y a prevenir encuentros de riesgo entre estos animales y las poblaciones cercanas.
Finalmente, Cusín fue trasladado hasta Zuleta, una zona de conservación de Imbabura con menor presencia humana, donde recuperó su libertad.
Su historia también tiene raíces conocidas por los investigadores. Cusín sería descendiente de Dominga, una osa monitoreada desde 2009, y habría permanecido junto a ella hasta hace pocos meses. Ahora comienza la etapa en la que deberá establecer su propio territorio y aprender a sobrevivir de manera independiente.
El collar permanecerá durante los próximos años mientras científicos siguen sus recorridos. Así, aquel oso que un día terminó acorralado en un árbol regresó al bosque convertido, sin saberlo, en una pequeña pieza de la investigación que busca conservar a los osos andinos de Ecuador.


