Las importaciones de electricidad desde Colombia aumentaron con fuerza en los últimos días de agosto. El movimiento ocurre justo cuando Ecuador se prepara para una temporada seca que podría reducir la generación hidroeléctrica y poner nuevamente a prueba la capacidad del sistema eléctrico nacional.
Ecuador está entrando a una etapa clave para su sistema eléctrico. Mientras septiembre marca el inicio previsto del estiaje, las compras de electricidad a Colombia han aumentado en los últimos días de agosto, convirtiendo al país vecino en una pieza importante para sostener el abastecimiento nacional.
El intercambio eléctrico entre ambos países se reactivó el 5 de agosto de 2026, después de casi siete meses de suspensión. Desde entonces, el volumen de energía importada había sido relativamente variable, pero la tendencia cambió a partir del 23 de agosto.
Entre el 23 y el 27 de agosto, Ecuador compró en promedio 301,5 megavatios (MW) de potencia a Colombia. Para las 17:00 del 28 de agosto, el promedio importado había llegado a aproximadamente 380 MW, cerca del límite que permite la infraestructura de interconexión entre ambos países.
La cifra adquiere relevancia porque la línea de transmisión tiene una capacidad máxima de alrededor de 450 MW.
¿Por qué Ecuador necesita más electricidad de Colombia?
La respuesta está en el agua.
La matriz eléctrica ecuatoriana depende fuertemente de las centrales hidroeléctricas. Cuando comienza el estiaje y disminuyen los caudales de los ríos, también cae la capacidad de generación de estas plantas.
El Viceministerio de Electricidad prevé que el estiaje de 2026 comience en septiembre y se prolongue aproximadamente hasta marzo de 2027. Entre el 1 y el 19 de agosto, la generación hidroeléctrica todavía representaba el 76% de la demanda nacional, mientras que la generación termoeléctrica aportaba 20,4%.
El problema es que esos porcentajes pueden cambiar rápidamente cuando disminuye la disponibilidad de agua.
Por eso, importar electricidad se convierte en una herramienta para reducir la presión sobre las centrales hidroeléctricas y preservar reservas estratégicas como las del embalse de Mazar.
Mazar vuelve a ser una pieza clave
El comportamiento del embalse de Mazar es uno de los indicadores que el sector eléctrico sigue con mayor atención.
El embalse forma parte del complejo Paute-Molino, uno de los principales sistemas de generación hidroeléctrica del país. Su nivel comenzó a descender nuevamente desde mediados de agosto.
Entre el 17 y el 28 de agosto, la cota pasó de 2.150,7 a 2.147,2 metros sobre el nivel del mar, una reducción que refleja la presión sobre las reservas de agua.
En este contexto, comprar energía en el exterior permite reducir temporalmente la necesidad de utilizar generación hidroeléctrica.
Es una estrategia de administración de reservas: utilizar electricidad disponible en Colombia mientras Ecuador conserva agua para los meses más exigentes.
El problema ya no es solamente conseguir energía, sino cuánto cuesta
La dependencia de Colombia también tiene una dimensión económica.
Los registros del operador colombiano XM muestran que el precio promedio de los máximos de energía en bolsa durante agosto ha aumentado frente a los meses anteriores. Entre el 1 y el 22 de agosto, el promedio fue de aproximadamente USD 0,34 por kilovatio hora, frente a USD 0,32 en junio y USD 0,27 en mayo.
Los precios están condicionados por la oferta y demanda del mercado colombiano, así como por las expectativas sobre disponibilidad de agua.
Eso significa que Ecuador podría necesitar comprar más electricidad precisamente cuando esa electricidad comienza a encarecerse.
Cenace ya había advertido que los precios podrían aumentar conforme avance el estiaje. Una estimación publicada en agosto proyectaba valores más elevados hacia el primer trimestre de 2027.
Colombia también enfrenta su propio riesgo
Aquí aparece uno de los mayores desafíos para Ecuador.
El país no puede asumir que Colombia tendrá electricidad disponible durante todo el período seco.
El vecino país también enfrenta una temporada de menor disponibilidad hídrica y un escenario de Fenómeno de El Niño, que podría reducir la generación hidroeléctrica y aumentar la demanda energética.
Colombia ha establecido reglas para sus intercambios internacionales bajo un principio central: el abastecimiento de su propia demanda tiene prioridad. Las autoridades colombianas pueden limitar o suspender exportaciones si las condiciones de su sistema eléctrico lo requieren.
Por ello, la electricidad colombiana funciona para Ecuador como un respaldo importante, pero no como una garantía absoluta.
¿Podrían volver los apagones?
La importación ayuda a cerrar parte de la brecha, pero por sí sola no resuelve el problema estructural del sistema ecuatoriano.
Cenace estima que Ecuador podría enfrentar un déficit de hasta 450 MW en noviembre, considerado uno de los meses más críticos del próximo estiaje. Ese cálculo, además, depende de que se cumplan los cronogramas previstos para incorporar nueva generación.
El Gobierno tiene previsto incorporar nueva capacidad de generación, aunque algunos proyectos presentan retrasos. En este escenario, la combinación de hidroeléctricas, generación térmica, importaciones y nuevas fuentes será determinante para cubrir la demanda.
La electricidad colombiana se convierte en un seguro estratégico
La recuperación del intercambio energético entre Ecuador y Colombia representa más que una operación comercial.
Para Ecuador, significa contar nuevamente con una fuente externa capaz de aportar hasta 450 MW, equivalente a una parte significativa de la demanda nacional.
Pero también evidencia una vulnerabilidad: cuando el país necesita enfrentar un período seco, una parte de la respuesta depende de las condiciones de otro sistema eléctrico.
Por eso, la discusión sobre energía no termina en cuánto puede comprar Ecuador a Colombia. El desafío de fondo es aumentar y diversificar la capacidad de generación nacional, fortalecer la infraestructura de transmisión y reducir la exposición a períodos prolongados de sequía.
Por ahora, las compras crecientes desde Colombia funcionan como una señal clara de que Ecuador ya está preparando su sistema para los meses más difíciles del año.
El verdadero desafío será comprobar si ese respaldo alcanza cuando el agua disminuya, la demanda aumente y los precios de la energía regional sigan bajo presión.


