July Ruiz / Notimercio
La escopolamina, conocida popularmente como “burundanga”,no solo anula la capacidad de decidir; también deja una sensación devastadora cuando la víctima despierta y descubre que alguien más escribió una parte de su historia.
Imagine salir un viernes por la noche después de una semana de trabajo, aceptar una invitación para tomar una cerveza, conocer a alguien que parece amable o simplemente conversar con un desconocido mientras espera un taxi. Todo parece normal, lo siguiente que recuerda es abrir los ojos varias horas después en una calle desconocida, sin billetera, sin celular, con transferencias bancarias realizadas desde su propia cuenta y una pregunta que se repetirá durante semanas: ¿qué pasó?
Ese escenario dejó de ser excepcional en Ecuador, ya que los robos mediante el uso de escopolamina se han convertido en una de las modalidades delictivas que más preocupación generan entre las autoridades y la ciudadanía. La Fiscalía General del Estado registró 461 denuncias durante el primer trimestre de 2026, frente a las 316 reportadas en el mismo periodo del año anterior. El incremento fue del 27,7 %, una cifra que evidencia que este delito está lejos de ser un caso aislado. Durante todo 2025 se contabilizaron 1.691 denuncias relacionadas con esta modalidad.
Pero las estadísticas nunca alcanzan a contar el verdadero impacto, ya que detrás de cada denuncia existe una persona que perdió dinero, documentos o bienes materiales. Sin embargo, también perdió algo mucho más difícil de recuperar: la confianza. Después de vivir una experiencia así, muchas víctimas reconocen que ya no aceptan conversar con desconocidos, dejaron de salir solos o comenzaron a sospechar incluso de personas que únicamente pretendían ayudarlos.
La escopolamina no solo está cambiando la forma en que operan los delincuentes; también está transformando la manera en que los ecuatorianos se relacionan entre sí. Vivimos en una sociedad donde una persona desorientada en una vereda ya no genera únicamente compasión, también despierta sospecha. Quien observa duda antes de acercarse, piensa que puede tratarse de una trampa, de un asalto o de una estrategia para atraer nuevas víctimas y con ello, la inseguridad ha comenzado a competir con la empatía.
Hace apenas algunos años era relativamente común que alguien ofreciera ayuda a una persona que parecía desorientada en una parada de bus o en una plaza. Hoy la reacción suele ser distinta, muchos prefieren seguir caminando mientras miran de reojo. Otros llaman a un familiar antes que acercarse y algunos simplemente ignoran la situación; y no necesariamente porque hayan dejado de ser solidarios, lo hacen porque sienten miedo y el miedo modifica conductas.
Los casos reportados durante los últimos meses muestran patrones que empiezan a repetirse con inquietante frecuencia. En Quito, los casos denunciados en los últimos meses muestran que este delito sigue presente y adopta distintas modalidades. Uno de los más comentados ocurrió en un centro comercial, donde el hijo de una mujer denunció que su madre comenzó a presentar síntomas compatibles con una intoxicación tras comprar unos cotonetes a una vendedora ambulante que insistió en abordar a la víctima dentro de un ascensor. El centro comercial informó que activó sus protocolos de seguridad y brindó asistencia médica mientras el caso era investigado. A este hecho se suma otra denuncia reciente ocurrida en el norte de Quito, dondeun hombre conoció a una mujer mediante Facebook. Después del encuentro perdió la memoria durante varias horas y descubrió posteriormente que le habían sustraído alrededor de siete mil dólares de sus cuentas bancarias.
Pero que es la escopolamina? Se trata de un alcaloide natural presente en plantas de la familia de las solanáceas, como el floripondio y la belladona. En medicina tiene usos completamente legítimos: se emplea para prevenir náuseas, vómitos y mareos asociados al movimiento, además de algunos procedimientos quirúrgicos específicos cuando es administrada bajo estricta supervisión médica.
El problema aparece cuando esa misma sustancia es utilizada con fines criminales, ya que una vez que ingresa al organismo, actúa sobre el sistema nervioso central bloqueando neurotransmisores relacionados con la memoria, la orientación y la toma de decisiones. El resultado puede variar según la dosis, la vía de administración y las características de la víctima, pero los síntomas más frecuentes incluyen desorientación, somnolencia, visión borrosa, dificultad para concentrarse, pérdida parcial o total de la memoria reciente y una marcada disminución de la capacidad crítica.
Es importante aclarar algo que los especialistas repiten constantemente: la mayoría de los casos documentados no ocurren porque alguien «sopló» una sustancia en el rostro de la víctima. La evidencia médica indica que la escopolamina suele administrarse mezclada con bebidas, alimentos u otras sustancias. Además, con frecuencia se combina con alcohol o sedantes, lo que potencia sus efectos y aumenta considerablemente el riesgo para la salud. Por eso los médicos insisten en desmontar los mitos.
Creer en versiones falsas sobre la escopolamina puede generar una peligrosa sensación de seguridad frente a los riesgos reales. Mientras muchas personas temen que alguien les acerque un papel o un objeto impregnado con esta sustancia, los delincuentes suelen aprovechar un recurso mucho más efectivo que cualquier droga: la confianza. En la mayoría de los casos, antes del robo existe un proceso de acercamiento cuidadosamente construido a través de una conversación casual, una historia convincente, una aparente coincidencia, una actitud amable o cualquier situación que lleve a la víctima a bajar la guardia.
Una pregunta frecuente tras cada caso de escopolamina es por qué la mayoría de las víctimas que trascienden públicamente son hombres. Aunque las mujeres también sufren este delito, muchos de los casos reportados en Ecuador y otros países de América Latina involucran a hombres adultos abordados en contextos de socialización, vida nocturna o contactos iniciados a través de redes sociales y aplicaciones de citas.
Los antecedentes de robos cometidos mediante engaños —como falsas emergencias o personas que aparentan necesitar ayuda— han generado desconfianza y el dilema de cómo ayudar sin ponerse en riesgo. Sin embargo, los expertos en seguridad coinciden en que la solución no es dejar de ser solidarios, sino actuar con prudencia: observar el entorno, pedir apoyo a otras personas y alertar de inmediato al ECU 911 o a la Policía Nacional, ya que la ayuda colectiva reduce los riesgos y permite brindar asistencia de forma más segura.
La mejor herramienta para prevenir este tipo de delitos sigue siendo la información. Mantener una actitud alerta, desconfiar de situaciones inusuales sin perder la empatía, evitar aceptar bebidas o alimentos de desconocidos y pedir ayuda a las autoridades ante cualquier sospecha son medidas sencillas que pueden marcar la diferencia. La prevención no consiste en vivir con miedo, sino en aprender a combinar solidaridad, sentido común y prudencia para protegernos sin dejar de cuidar a los demás.


