Experto advierte riesgos de otorgar personalidad jurídica a la inteligencia artificial

Fernanda Zúñiga
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Un experto en derecho alerta sobre los riesgos de otorgar personalidad jurídica a la inteligencia artificial y plantea desafíos legales, éticos y económicos.

El avance acelerado de la inteligencia artificial está obligando a replantear las bases del derecho moderno. Lo que comenzó como simples chatbots hoy evoluciona hacia agentes capaces de interactuar en el mundo físico, generando nuevos dilemas legales, éticos y sociales.

En este contexto, el debate sobre otorgar personalidad jurídica a la inteligencia artificial ha encendido alertas en la comunidad jurídica ecuatoriana e internacional.

IA y Constitución: una alerta desde el derecho

Las preocupaciones se intensificaron luego de que el presidente Daniel Noboa mencionara la posibilidad de redactar una Constitución con inteligencia artificial.

Para Juan Jaramillo, director de la carrera de Derecho de la Universidad Técnica Particular de Loja, esta idea resulta “alarmante” y evidencia una confusión sobre la naturaleza de la tecnología.

El académico sostiene que una Constitución es un pacto social que requiere deliberación humana, conciencia y diálogo, cualidades que los sistemas actuales de IA no poseen.

El derecho frente a la inteligencia artificial: adaptación y límites

Uno de los principales desafíos es que el derecho suele ser reaccionario y no innovador, adaptándose a los cambios tecnológicos en lugar de anticiparlos.

En el caso de la IA, la estrategia no es crear leyes desde cero, sino adaptar marcos existentes. Sin embargo, surge un problema clave: la opacidad de los algoritmos o las llamadas “cajas negras”, donde no es posible entender cómo se toman ciertas decisiones.

Esta falta de trazabilidad dificulta determinar responsabilidades cuando un sistema causa daño, especialmente en ámbitos como:

  • Privacidad
  • Empleo
  • Seguridad

Responsabilidad legal: ¿quién responde por la IA?

El debate se vuelve más complejo cuando la inteligencia artificial interactúa con el mundo físico.

Por ejemplo, en el caso de vehículos autónomos, si ocurre un accidente, surge la duda:

  • ¿Es responsable el usuario?
  • ¿El fabricante?
  • ¿El desarrollador del software?

El concepto jurídico de “riesgo de desarrollo” podría eximir a los productores si el daño era imprevisible, lo que, según expertos, podría dejar en desventaja a las víctimas.

El salto de la IA al mundo físico: robots y automatización

La urgencia regulatoria aumenta con el crecimiento de la robótica a nivel global.

Empresas como Unitree Robotics ya comercializan robots humanoides, mientras que UBTECH Robotics prueba sus modelos en entornos industriales.

Por su parte, Tesla, liderada por Elon Musk, ha anunciado su enfoque en robots como Optimus, con producción a gran escala prevista.

Según estimaciones de Goldman Sachs y International Data Corporation, estos dispositivos comenzarán a tener impacto significativo en el mercado global en el corto plazo.

¿Derechos para la inteligencia artificial?

El debate ha llegado al plano filosófico: ¿puede la inteligencia artificial tener derechos?

Desde una perspectiva humanista, Jaramillo rechaza esta posibilidad, advirtiendo que otorgar personalidad jurídica a la IA podría:

  • Diluir la responsabilidad legal
  • Favorecer a grandes corporaciones
  • “Banalizar” los derechos humanos

La postura coincide con reflexiones académicas que señalan que las máquinas no poseen emociones ni conciencia, por lo que no pueden equipararse a las personas.

Regulación en Latinoamérica: la necesidad de un enfoque conjunto

Ante este escenario, el experto advierte que Ecuador no debe legislar de forma aislada.

Propone avanzar hacia un bloque normativo latinoamericano, que permita:

  • Evitar fragmentación regulatoria
  • Fomentar la innovación
  • Establecer reglas claras y sostenibles

La cooperación regional será clave para equilibrar el desarrollo tecnológico con la protección de los derechos.

Un debate que redefine lo humano

Más allá del ámbito legal, la inteligencia artificial ha reactivado una pregunta fundamental: ¿qué significa ser humano?

Para los expertos, la respuesta sigue vinculada a capacidades únicas como la empatía, la conciencia y la solidaridad, elementos que las máquinas no pueden replicar.

En este contexto, el desafío no es solo tecnológico, sino profundamente ético: construir un marco donde la innovación avance sin comprometer los principios que sostienen la justicia y la sociedad.

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