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El Niño obliga a Quito a prepararse para dos extremos: incendios ahora, lluvias después

Diana Penafiel
6 Min Read
Quito se prepara para dos extremos: incendios durante la época seca y posibles lluvias intensas y deslizamientos después.

Quito enfrenta una temporada marcada por riesgos opuestos. Mientras la sequedad mantiene alta la amenaza de incendios y obliga a vigilar las fuentes de agua, el noroccidente ya se prepara para posibles inundaciones y deslizamientos cuando cambie el patrón de lluvias.

En Quito, hablar de El Niño no significa prepararse para un solo escenario.

La ciudad atraviesa ahora una época seca que mantiene alta la amenaza de incendios forestales y obliga a vigilar las fuentes de agua. Pero, al mismo tiempo, las autoridades ya miran hacia otro riesgo: el aumento de lluvias y la posibilidad de inundaciones y deslizamientos en sectores especialmente vulnerables.

Son dos extremos que pueden aparecer dentro de una misma temporada.

Ahora, el problema es el fuego

El escenario inmediato sigue marcado por condiciones secas.

Según las previsiones climáticas revisadas por el COE Metropolitano, en la región Andina las precipitaciones tenderían a mantenerse entre valores normales y bajo lo normal durante los próximos meses. Eso no significa que dejará de llover, pero sí mantiene condiciones favorables para incendios y otros efectos asociados a la sequedad.

Y Quito ya tiene cifras que muestran la dimensión del problema.

Durante 2026, los incendios forestales han afectado casi 1.300 hectáreas en el Distrito Metropolitano. Solo entre el 7 y el 13 de septiembre se registraron 30 incendios forestales.

La semana pasada, además, la ciudad enfrentó emergencias simultáneas en sectores como La Vicentina, Casitagua y El Recreo.

En Casitagua, uno de los incendios más importantes de los últimos días, alrededor de 300 hectáreas resultaron afectadas.

El agua es la otra preocupación

La sequedad no solo aumenta el riesgo de incendios.

El COE Metropolitano dispuso que la Empresa Pública Metropolitana de Agua Potable y Saneamiento mantenga el monitoreo de las fuentes de agua y refuerce las alertas tempranas ante un posible déficit hídrico.

Esto significa que la ciudad debe vigilar al mismo tiempo el comportamiento de sus reservas, el consumo y las condiciones climáticas que podrían afectar el abastecimiento.

La preocupación no implica que Quito esté frente a un escenario inmediato de desabastecimiento generalizado, pero sí que el agua forma parte de los riesgos que deben seguirse durante esta etapa seca.

Pero el escenario puede cambiar

Mientras buena parte de Quito mira hoy al cielo esperando lluvias que reduzcan el riesgo de incendios, otras zonas ya se preparan para lo contrario.

El COE Provincial de Pichincha permanece en sesión permanente ante la alerta roja asociada al fenómeno de El Niño y ha pedido mantener actualizados los planes de contingencia.

La información remitida por el INAMHI identifica al noroccidente como uno de los sectores que requieren especial vigilancia frente a posibles movimientos de masa e inundaciones.

En el Distrito Metropolitano, las parroquias señaladas son Nanegal, Nanegalito, Gualea y Pacto.

El noroccidente ya sabe lo que significa demasiada lluvia

La advertencia no parte únicamente de proyecciones.

En abril de este año, lluvias intensas ya provocaron emergencias en el Chocó Andino, con deslizamientos, inundaciones, afectaciones viales y desbordamientos de quebradas.

Varias de las parroquias que aparecen ahora dentro de los escenarios de vigilancia estuvieron entre las zonas afectadas durante esos eventos.

Eso explica por qué el riesgo cambia según el territorio.

Mientras sectores urbanos y zonas secas enfrentan actualmente incendios y altas temperaturas, las parroquias rurales del noroccidente tienen que prepararse para un eventual incremento de las lluvias sobre terrenos que ya han demostrado ser vulnerables.

Dos riesgos que parecen contradictorios

Sequía e inundaciones pueden parecer problemas opuestos, pero no necesariamente se excluyen.

Una temporada con precipitaciones irregulares puede mantener durante semanas condiciones secas y, posteriormente, presentar episodios de lluvia intensa capaces de saturar suelos, activar quebradas o provocar movimientos de masa.

Por eso, las autoridades no están trabajando con un único escenario.

El COE Metropolitano mantiene activo el plan frente a El Niño, el monitoreo hidrometeorológico y la actualización de escenarios de riesgo. A escala provincial, se ha pedido a municipios y parroquias preparar acciones frente tanto al estiaje como a posibles incrementos de lluvia.

Prepararse antes de que cambie el clima

Para la ciudadanía, el mensaje tampoco es el mismo en toda la ciudad.

En época seca, la prevención pasa por evitar quemas, no arrojar colillas o materiales que puedan iniciar incendios, cuidar el consumo de agua y reportar columnas de humo o emergencias.

En zonas expuestas a lluvias intensas, la atención debe dirigirse también a quebradas, taludes, cunetas, alcantarillas y señales de inestabilidad del terreno.

El desafío para Quito es precisamente ese: prepararse para un fenómeno que puede cambiar de rostro con rapidez.

Hoy, el fuego domina buena parte de la atención. Más adelante, la lluvia podría convertirse en el problema.

Y ambos escenarios forman parte del mismo riesgo climático que la ciudad ya empezó a enfrentar.

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