Redacción Notimercio.
Tras varios años fuera de la política, el comunicador y ex alcalde Jorge Yunda vuelve a aparecer en el escenario con un discurso centrado en la seguridad, la inversión y la recuperación de la ciudad. En esta conversación habla de su paso por el Municipio y su proyecto para Quito.
“Quito ha retrocedido 50 años en seguridad y oportunidades”
Tras varios años fuera de la política, el comunicador y exalcalde Jorge Yunda vuelve a aparecer en el escenario con un discurso centrado en la seguridad, la inversión y la recuperación de la ciudad. En esta conversación habla de su paso por el Municipio, hace una autocrítica, recuerda la pandemia y cuestiona el rumbo actual de la capital.
—¿Qué aprendió de su paso por el Municipio de Quito?
-Aprendí, sobre todo, a manejar las crisis y la incertidumbre de una ciudad de tres millones de habitantes. Cuando se declaró la emergencia sanitaria por la pandemia, mi pensamiento obsesivo era qué hacer para minimizar las muertes en Quito. Más allá de los errores que uno puede haber cometido como ser humano o administrador, creo que logramos liderar la ciudad en el momento más difícil de su historia reciente.
Mientras muchas autoridades decían “no es mi competencia”, nosotros asumimos la responsabilidad. Trabajamos con científicos y especialistas en salud pública y tomamos medidas que permitieron que Quito tenga una de las tasas de mortalidad más bajas de la región durante la pandemia. El día que más ansiedad sentí fue cuando se recogieron cinco cadáveres en Quito, mientras en Guayaquil se recogían cientos diariamente.
—Pero si le pido una autocrítica, ¿qué falló en su gestión?
Posiblemente muchos consideren esto una debilidad, pero para mí fue una fortaleza: confié demasiado en la gente. Confié en concejales, en compañeros políticos y en personas que terminaron teniendo intereses propios y cálculos detrás de esa confianza.
—¿Lo traicionaron?
-Claro. No solo me fallaron, me apuñalaron políticamente. Y lo más duro no fue la herida, sino descubrir quién estaba detrás. Esa es una lección que no volveré a repetir.
—¿Cree que hubo racismo y discriminación en su contra?
-Sí. Lamentablemente vivimos en una sociedad racista, machista y discriminatoria. Y fui víctima de eso. Basta ver las redes sociales para encontrar insultos como “longo”, “indio” o “rulimán”. A mí nunca me afectó eso, porque me siento orgullosamente ecuatoriano, pero sí me da pena que todavía exista esa mentalidad en pleno siglo XXI.
—¿Cómo ve a Quito actualmente?
-Quito ha retrocedido unos 50 años, especialmente en seguridad y generación de oportunidades. Nunca fuimos Suiza ni Finlandia, siempre hubo problemas, pero hoy la sensación es distinta. Mucha gente sale de su casa con miedo de no regresar.
Eso destruye la vida nocturna, el turismo y la economía. Quito hoy tiene una de las tasas más altas de desempleo del país y una sensación de abandono muy fuerte.
—¿Le indignan episodios como las inundaciones recientes en la Ruta Viva?
-Por supuesto. Cuando fui alcalde, especialistas me alertaron sobre el riesgo de lluvias extremas y ordené iniciar procesos para limpiar quebradas y alcantarillas. Incluso se avanzó con contratos para intervenir sectores críticos como la quebrada El Tejado.
Pero luego me sacaron del cargo, se dieron de baja esos procesos y tiempo después ocurrió la tragedia de La Gasca, con 29 fallecidos. Ahí hubo una negligencia terrible. Esa tragedia pudo evitarse.
—Si volviera a la Alcaldía, ¿cuáles serían sus prioridades?
-La primera sería recuperar la seguridad. Quito vive una pandemia de inseguridad: secuestros, sicariatos, explosiones, robos y asaltos. Antes podíamos recorrer la ciudad de madrugada sin miedo; hoy hay zonas completamente desiertas en pleno centro norte desde temprano.
La segunda prioridad es el desarrollo económico. Quito se ha convertido en una ciudad llena de trabas para invertir. Hay permisos que tardan meses o años. Se necesita una administración eficiente que facilite la inversión privada y también una inversión pública útil, orientada a empleo, infraestructura y recuperación urbana.
Y la tercera es el ordenamiento integral de la ciudad: tránsito, transporte público, limpieza de quebradas, regularización de barrios y manejo de residuos.
—¿Qué haría específicamente con la seguridad, que nos preocupa a todos?
La Policía Metropolitana debe tecnificarse y coordinarse mejor con la Policía Nacional y el Gobierno. El Municipio puede aportar mucho con tecnología, inteligencia artificial, cámaras y herramientas preventivas.
Además, hace falta una relación respetuosa con el Gobierno Central. No se puede convertir a la ciudad en escenario de peleas ideológicas porque al final los perjudicados son los ciudadanos.
—¿Quito está mal administrada ahora?
Veo mucho gasto en publicidad, pauta y estructura burocrática, mientras la ciudad se desangra en inseguridad y desempleo. Hay demasiados cargos y poca gestión efectiva.
—Otro problema grave es la movilidad y la siniestralidad vial.
Quito lidera estadísticas negativas: desempleo, depresión, suicidios y accidentes de tránsito. Lo ocurrido en la Ruta Viva, donde una persona murió por culpa de un bache, jamás debió pasar. Ahí hay responsabilidad directa del Municipio.
Se necesitan campañas técnicas de prevención, mantenimiento vial serio y control eficiente.
—¿Qué puede hacer el Municipio en salud pública?
Muchísimo en prevención. El Municipio no maneja hospitales, pero sí puede impulsar actividad física, controles médicos preventivos y espacios deportivos.
Yo tenía un proyecto llamado “Quito a la Cancha”, que buscaba llenar la ciudad de espacios deportivos, piscinas y centros recreativos. La pandemia frenó esa iniciativa, pero estoy convencido de que el deporte es clave para combatir enfermedades como diabetes, hipertensión y depresión.
—¿Cómo evalúa la relación entre Municipio y Gobierno?
-Las peleas ideológicas atrasan a las ciudades. Una vez electo, un alcalde debe gobernar para todos y mantener puentes con el Gobierno Nacional, independientemente de diferencias políticas. Suspender eventos culturales o proyectos por revanchismo político es perjudicar directamente a Quito.
—Finalmente, decidió ser candidato de nuevo. ¿Está optimista?
-En las últimas semanas he recibido el respaldo de ligas barriales, dirigentes comunitarios, activistas y distintos sectores sociales que me pidieron participar. Eso me ha empujado a intentar de nuevo recuperar no la Alcaldía que me arrebataron, sino a ser un alcalde que tome las riendas de esta ciudad hoy caótica y poco atendida.
Incluso personas que fueron muy críticas conmigo, hoy reconocen que nunca encontraron un dólar mal habido en mi administración, pese a todas las investigaciones que enfrenté.
—¿Con qué movimiento político participará?
-Con uno que busque unir al país y deje atrás los extremos ideológicos. Creo que la ciudadanía está cansada de la polarización y quiere soluciones concretas frente a problemas como inseguridad, desempleo y falta de oportunidades.
—Si vuelve a la Alcaldía, ¿qué le promete a Quito?
Poner toda la experiencia adquirida al servicio de la ciudad y corregir los errores que pude haber cometido. Pero, sobre todo, recuperar la seguridad.
La seguridad significa empleo, inversión y desarrollo. Hoy Quito se apaga demasiado temprano; hay sectores como La Mariscal y las principales avenidas que parecen ciudades fantasma en las noches. Quito necesita volver a ser una capital viva, dinámica y segura las 24 horas.
—¿Será el desafío más grande de su vida?
-Sí. Ya enfrenté una pandemia, que fue probablemente el reto más duro imaginable para cualquier alcalde. Ahora el desafío sería recuperar una ciudad golpeada y devolverle esperanza y prosperidad.






