Chespirito, creador de personajes que forman parte del imaginario colectivo de generaciones enteras, no solo escribió e interpretó algunos de los programas más emblemáticos de la televisión latinoamericana, sino que también definió la forma de hacer humor.
El ciudadano Gómez (1968)
Fue un programa de sátira social y política, transmitido por Telesistema Mexicano, donde Roberto Gómez Bolaños ya apuntaba hacia un humor con conciencia. Aunque tuvo una duración limitada, sentó las bases del estilo crítico, irónico y absurdo que caracterizaría su obra posterior. A través de situaciones cotidianas exageradas, Roberto interpretaba a un ciudadano común atrapado entre la burocracia, la desigualdad y la deshumanización del sistema.
Los Supergenios de la Mesa Cuadrada (1970)
Este programa marcó el nacimiento formal de “Chespirito” como apodo artístico. Supergenios era una parodia de noticieros y mesas de debate, en la que un grupo de supuestos intelectuales respondía cartas del público con respuestas absurdas, juegos de palabras e ironía. Aquí apareció por primera vez el Doctor Chapatín, y se consolidó un elenco importante: Ramón Valdés, Rubén Aguirre y María Antonieta de las Nieves.
Chespirito (1970)
El programa presentaba semanalmente varios sketches cómicos protagonizados por diversos personajes, como El Chavo, El Chapulín Colorado, El Doctor Chapatín, Los Caquitos, Los Chifladitos, El ciudadano Gómez, y parodias de Chaplin, El Gordo y el Flaco. Fue el espacio que consolidó a Roberto como figura clave de la televisión mexicana, con un estilo de comedia familiar.
Los Chifladitos (1970)
Es un sketch humorístico protagonizado por Chaparrón Bonaparte (Roberto Gómez Bolaños) y Lucas Tañeda (Rubén Aguirre), dos amigos que comparten una casa y viven en su propio mundo lleno de lógica absurda. Cada sketch presenta situaciones diferentes, pero siempre se repiten ciertas escenas y frases que forman parte de su estilo: saludos inusuales, caminatas sincronizadas, juegos de palabras sin sentido y el famoso ataque de “chiripiorca” que sufre Chaparrón.
Los Caquitos (1970)
Los Caquitos fue otro de los sketches más populares del universo de Chespirito. Estaba protagonizado por dos ladrones: El Chómpiras (Gómez Bolaños) y El Botija (Édgar Vivar), a quienes más adelante se les uniría La Chimoltrufia (Florinda Meza). A pesar de dedicarse al robo, los personajes eran nobles, ingenuos y generalmente fracasaban en sus intentos. Con el paso del tiempo, el sketch evolucionó hacia situaciones más costumbristas, cuando los personajes abandonaron la delincuencia para trabajar en un hotel.
El Chavo del Ocho (1971)
El Chavo del Ocho es el fenómeno más grande en la historia de la televisión de habla hispana. La serie narra la vida de un niño huérfano que vive en una vecindad popular, rodeado de personajes como Quico, Doña Florinda, Don Ramón, La Chilindrina y el Profesor Jirafales. Su éxito fue monumental: transmitido en más de 20 países, traducido a más de 50 idiomas y con récords de audiencia históricos.
El Chapulín Colorado (1973)
El antihéroe más querido de Latinoamérica. El Chapulín Colorado rompió con el modelo de superhéroe tradicional: temeroso, torpe, pero siempre dispuesto a ayudar con valentía e ingenio. Con frases como “¡No contaban con mi astucia!” o “¡Síganme los buenos!”, el personaje conquistó a públicos de todas las edades.
La Chicharra (1979)
La historia giraba en torno a Vicente Chambón, un periodista torpe pero bienintencionado, que trabajaba en el ficticio periódico La Chicharra. Las tramas giraban en torno a los intentos por cubrir noticias importantes, que siempre terminaban en fracasos cómicos. Aunque menos popular que otras obras, ofrecía una perspectiva divertida a la vida laboral y al oficio periodístico.
Adaptaciones de El Gordo y El Flaco y de Charles Chaplin (década de 1980)
En los homenajes a El Gordo y El Flaco, Roberto Gómez y Édgar Vivar interpretaron al clásico dúo cómico con sketches mudos, sin diálogos y con caídas torpes. Bolaños era el flaco; Vivar, el gordo. En los tributos a Chaplin, Bolaños se caracterizaba como Charlot, con bastón, bombín y bigote. Los sketches se grababan en blanco y negro y representaban situaciones sencillas como buscar trabajo o comida, todo con una mezcla de crítica social y humor.