El 8 de septiembre de 1978, Quito fue inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco. Casi cinco décadas después, el Centro Histórico conserva iglesias, conventos, plazas y viviendas de enorme valor, pero también enfrenta abandono, deterioro, problemas de limpieza y desafíos para mantener vivo su patrimonio.
Quito cumplió 48 años como Patrimonio Cultural de la Humanidad con una paradoja: la capital mantiene uno de los conjuntos históricos más importantes de América Latina, pero algunas de sus edificaciones y espacios públicos muestran señales de deterioro.
La ciudad fue inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial el 8 de septiembre de 1978, durante la segunda sesión del Comité Intergubernamental para la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural, realizada en Washington D. C. Quito y las islas Galápagos fueron, además, de los primeros sitios de América Latina y el Caribe incluidos en esta lista.
El reconocimiento se sustentó en el valor excepcional de su arquitectura, urbanismo y paisaje. La Unesco destacó la influencia de la Escuela Quiteña, presente en iglesias, conventos, esculturas y pinturas, además de la armonía entre la ciudad histórica y el paisaje andino.
Un patrimonio que ya tenía problemas en 1978
El deterioro no es un fenómeno reciente. El informe de evaluación de ICOMOS de 1978 ya advertía que varios edificios civiles, religiosos y viviendas antiguas se encontraban en condiciones deficientes. También señalaba la elevada densidad poblacional del núcleo colonial.
A lo largo de las décadas se implementaron diferentes estrategias para enfrentar estos problemas. Después del terremoto de 1987 se creó el Fondo de Salvamento del Patrimonio Cultural, conocido como Fonsal, que impulsó intervenciones en numerosos inmuebles y espacios históricos.
En 1994 se creó además la Empresa del Centro Histórico, dentro de un proceso de revitalización apoyado por el Banco Interamericano de Desarrollo.
La recuperación del espacio público
Uno de los momentos importantes ocurrió en 2003, cuando se concretó la reubicación del comercio informal que ocupaba las calles del Centro Histórico.
Más de 10.000 comerciantes fueron trasladados hacia centros comerciales populares como Hermano Miguel, El Tejar y La Merced. La medida buscaba recuperar el espacio público y mejorar las condiciones del Centro Histórico.
Sin embargo, la recuperación de los espacios públicos no resolvió todos los problemas relacionados con los inmuebles patrimoniales.
El abandono, el cambio de uso de las edificaciones y la salida de habitantes del sector se convirtieron en nuevos desafíos para la conservación.
Casas patrimoniales: la otra cara del Centro
Mientras iglesias como San Francisco, La Compañía de Jesús o Santo Domingo son permanentemente asociadas con el patrimonio quiteño, existe otro componente menos visible: las viviendas tradicionales.
Son casas de adobe, madera y teja que forman parte de la arquitectura cotidiana del Centro Histórico. Algunas continúan habitadas y otras permanecen abandonadas.
Un reporte reciente señala que el Municipio realiza una actualización del inventario patrimonial. También se han identificado 143 casas patrimoniales abandonadas y 85 en mal estado estructural, según información citada del Instituto Metropolitano de Patrimonio.
El problema se vuelve especialmente delicado durante la época de lluvias. La humedad puede penetrar en los muros de adobe y debilitar progresivamente las estructuras. De hecho, en años anteriores se han registrado colapsos de viviendas antiguas por falta de mantenimiento.
Más de 7.000 predios patrimoniales
El patrimonio de Quito va mucho más allá de las calles del Centro Histórico.
Según información del Instituto Metropolitano de Patrimonio citada por El Universo, en el Distrito Metropolitano existen aproximadamente 7.200 predios que contienen bienes inmuebles patrimoniales, mientras que más de 5.000 están dentro del Centro Histórico.
El Municipio también señala que aproximadamente el 70 % de los predios patrimoniales han sido intervenidos estructuralmente, aunque especialistas advierten que restaurar una fachada o una cubierta no necesariamente significa que toda una edificación esté preparada para soportar un terremoto.
Este es uno de los nuevos desafíos para la conservación: mantener el valor histórico de los inmuebles, pero también garantizar su seguridad.
La seguridad sísmica, otro desafío
Quito se encuentra en una zona con antecedentes sísmicos. El terremoto de 1987 tuvo un impacto importante sobre el patrimonio de la ciudad y motivó la creación del Fonsal.
Más recientemente, en julio de 2024, un sismo de magnitud 4,1 asociado al sistema de fallas de Quito fue sentido ampliamente en la capital y generó reportes de daños no estructurales.
Por eso, la conservación del patrimonio ya no puede limitarse a mantener las fachadas o recuperar elementos arquitectónicos. También implica evaluar estructuras, reforzar edificaciones y reducir los riesgos para quienes viven o trabajan en ellas.
¿Puede el patrimonio seguir siendo un espacio vivo?
Uno de los grandes debates sobre el Centro Histórico es cómo conseguir que sea algo más que un lugar turístico.
El exalcalde Paco Moncayo ha recordado que uno de los objetivos del Plan del Centro Histórico de 2000 era recuperar la función residencial, además de mantener actividades culturales, recreativas y económicas.
La idea parte de una premisa sencilla: una ciudad histórica necesita habitantes.
Si las casas quedan vacías, el patrimonio pierde parte de su función social. Pero si se mantienen habitadas sin condiciones adecuadas, pueden aparecer problemas de hacinamiento, deterioro y falta de mantenimiento.
El reto está, entonces, en encontrar un equilibrio entre conservación, vivienda, comercio, turismo y vida comunitaria.
Turismo y patrimonio: una relación que puede generar recursos
Para especialistas y exautoridades, la conservación también debe estar vinculada al turismo.
El Centro Histórico recibe visitantes por sus iglesias, plazas, museos, arquitectura, gastronomía y tradiciones. Esa actividad puede generar ingresos para quienes trabajan en la zona y contribuir a financiar la conservación.
Pero el turismo por sí solo no garantiza la protección del patrimonio.
El deterioro del espacio público, la inseguridad, la falta de mantenimiento y el abandono de inmuebles pueden afectar precisamente aquello que convierte al Centro Histórico en un atractivo turístico.
¿Qué dice la Unesco?
La declaratoria de 1978 continúa vigente. Quito mantiene su reconocimiento como Patrimonio Mundial.
Sin embargo, la conservación es un proceso permanente. En 2023, la Unesco señaló observaciones relacionadas con la planificación del Centro Histórico y pidió avanzar en instrumentos de gestión, entre ellos el Plan Parcial para el Desarrollo Integral del Centro Histórico.
La Alcaldía, por su parte, sostiene que desarrolla acciones de mantenimiento, conservación, restauración y preservación del patrimonio mueble e inmueble, así como de los espacios públicos de las áreas históricas y patrimoniales.
48 años después, el desafío continúa
Quito celebra 48 años de una declaratoria que la convirtió en referente mundial de conservación urbana. Pero el aniversario también obliga a mirar aquello que no aparece en las postales.
Una iglesia restaurada convive con una vivienda abandonada. Una plaza recuperada puede encontrarse a pocos metros de problemas de limpieza. Un inmueble histórico puede tener una fachada conservada y, al mismo tiempo, una estructura vulnerable.
El Centro Histórico de Quito sigue siendo Patrimonio Mundial, pero conservarlo requiere algo más que recordar la declaratoria de 1978. Implica mantener sus edificios, recuperar los que están deteriorados, garantizar que puedan seguir habitados y conseguir que el patrimonio continúe formando parte de la vida cotidiana de los quiteños.
Porque el verdadero desafío, 48 años después, no es únicamente conservar el pasado, sino conseguir que ese pasado siga teniendo un lugar en el futuro de la ciudad.


