El bosque seco de Colimes, en Guayas, se tiñó de amarillo a mediados de septiembre, más de tres meses antes de su periodo habitual de floración. Las lluvias registradas a inicios de mes activaron el ciclo natural de estos árboles.
El paisaje del cantón Colimes, en la provincia del Guayas, cambió de color antes de lo esperado. Los guayacanes comenzaron a florecer de manera anticipada luego de las lluvias registradas durante la primera semana de septiembre, un fenómeno que estaría relacionado con las condiciones climáticas asociadas al desarrollo de El Niño en Ecuador.
La floración de los guayacanes, tradicionalmente esperada entre finales de diciembre e inicios de enero, apareció esta vez aproximadamente tres meses y medio antes de lo habitual. Los primeros capullos y flores fueron observados después de las precipitaciones registradas el 5 y 6 de septiembre.
Las lluvias activaron la floración
Los guayacanes responden de manera particular a los cambios en las condiciones de humedad. En Colimes, las lluvias atípicas modificaron el ciclo biológico de los árboles y estimularon la aparición de sus características flores amarillas.
Según información recogida por Teleamazonas, desde agosto se habían registrado lloviznas de mediana intensidad en la zona, pero las precipitaciones de los primeros días de septiembre incrementaron significativamente la humedad del suelo y favorecieron el proceso de floración.
El fenómeno ocurre mientras Ecuador atraviesa una fase inicial de desarrollo de El Niño. El Comité Nacional ERFEN señala que el fenómeno puede modificar los patrones de lluvia, temperatura y viento en el país.
Un espectáculo natural adelantado
El guayacán amarillo, cuyo nombre científico es Tabebuia chrysantha, es uno de los árboles característicos del bosque seco tropical de la Costa ecuatoriana.
Cuando florece, sus ramas quedan cubiertas casi completamente de amarillo, creando un paisaje que durante pocos días transforma el entorno natural de Colimes. La Prefectura del Guayas reconoce precisamente el florecimiento como uno de los principales atractivos turísticos del cantón.
El máximo esplendor de esta floración anticipada estaba previsto entre el 11 y el 13 de septiembre, convirtiendo a Colimes en un destino para quienes buscan observar y fotografiar el fenómeno natural.
Una floración que dura pocos días
El espectáculo de los guayacanes es particularmente llamativo porque tiene una duración limitada. Las flores permanecen en los árboles durante pocos días y posteriormente caen, formando una especie de alfombra amarilla sobre el suelo del bosque seco.
Por ello, el periodo de máxima floración representa una ventana corta para los visitantes. La Hacienda Las Habras, uno de los lugares donde se puede observar el fenómeno, anunció actividades para recibir turistas desde el 11 hasta el 20 de septiembre y recomendó priorizar los primeros días para apreciar los árboles en su máximo esplendor.
Colimes se convierte en atractivo turístico
El florecimiento de los guayacanes no solo representa un fenómeno natural. También genera movimiento turístico en el cantón, donde visitantes llegan para recorrer los bosques, fotografiar los árboles y disfrutar del paisaje.
En años anteriores, el espectáculo ha atraído a cientos de turistas y ha impulsado actividades relacionadas con el turismo rural, como caminatas, paseos a caballo, ciclismo y observación de aves.
El adelanto de este año vuelve a mostrar cómo las variaciones climáticas pueden modificar ciclos naturales que durante décadas han estado asociados a determinadas épocas del año.
El Niño modifica las condiciones climáticas
El fenómeno de El Niño se caracteriza por un calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico tropical y puede alterar los patrones de precipitación en Ecuador. La información oficial del país señala que sus efectos pueden sentirse en ámbitos como la producción, movilidad, infraestructura y condiciones meteorológicas.
En el caso de Colimes, las lluvias adelantadas funcionaron como un detonante para la floración de los guayacanes. El resultado es un espectáculo natural poco habitual para septiembre: un bosque seco cubierto de flores amarillas en plena transición hacia la temporada lluviosa.


