La tendencia que convierte fotografías actuales en retratos inspirados en los años 80 se volvió viral en redes sociales. Detrás de los peinados, colores y estética retro existen preguntas sobre el uso de datos personales y el impacto ambiental de la inteligencia artificial.
Los años 80 regresaron a las redes sociales, esta vez de la mano de la inteligencia artificial. Fotografías actuales son transformadas en retratos con peinados voluminosos, ropa llamativa, luces de neón, bomber jackets y otros elementos característicos de aquella década. La tendencia se ha convertido en una forma de experimentar con la nostalgia y compartir nuevas versiones de la propia imagen.
Sin embargo, el fenómeno también plantea preguntas relacionadas con la privacidad y los datos personales. Una fotografía no es, por sí sola, un dato biométrico. El riesgo aparece cuando los rasgos físicos, especialmente los faciales, son procesados para reconocer o identificar a una persona. En esos casos, el tratamiento de la imagen adquiere mayores implicaciones desde el punto de vista de la protección de datos.
La capacidad de estas herramientas para reproducir la apariencia de una persona también abre otro debate: ¿quién controla nuestra imagen una vez que ha sido utilizada por una plataforma de inteligencia artificial? Las tecnologías generativas pueden crear fotografías, videos y avatares cada vez más realistas, lo que hace necesario prestar atención a las condiciones de uso de las aplicaciones y al destino de las imágenes que se cargan.
La otra cara: el impacto ambiental
El costo de estas herramientas tampoco es exclusivamente digital. Los sistemas de inteligencia artificial funcionan sobre centros de datos que requieren grandes cantidades de energía y utilizan agua, entre otros recursos, para sus sistemas de refrigeración.
El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) advierte sobre esta presión sobre los recursos hídricos. Al mismo tiempo, señala que todavía no existe una metodología estandarizada que permita calcular de manera universal cuánta agua requiere una determinada imagen generada con inteligencia artificial.
Por eso, no es posible afirmar que una fotografía ochentera creada con IA tenga un consumo de agua específico. Su impacto depende de factores como el modelo utilizado, los centros de datos donde se procesa y la infraestructura tecnológica involucrada.
El trend puede parecer un entretenimiento inofensivo basado en la nostalgia, pero también funciona como un recordatorio de que cada avance tecnológico tiene una dimensión que va más allá de la pantalla. Antes de subir una fotografía a una plataforma de IA, conviene preguntarse qué información contiene, qué permisos se están otorgando y cómo podría utilizarse esa imagen en el futuro.
La moda de los años 80 puede durar unas semanas en redes sociales, pero las conversaciones sobre privacidad, identidad digital y sostenibilidad de la inteligencia artificial probablemente continuarán mucho después.


