La combinación del aumento del nivel del mar, oleajes y aguajes está provocando daños en Guayas, Manabí y Santa Elena. En algunos sectores, la costa pierde varios metros cada año.
El fenómeno de El Niño 2026-2027 ya está dejando huellas visibles en la costa ecuatoriana. El aumento del nivel del mar, combinado con oleajes de alta energía y aguajes, está acelerando la erosión y afectando playas, viviendas e infraestructura turística en varias provincias.
Según el Comité de Estudio Regional de El Niño (Erfen), el nivel del mar en Ecuador registró un incremento de entre 28 y 33 centímetros durante la última semana medida, después de haber alcanzado picos de hasta 40 centímetros la semana anterior. Estos valores se aproximan a los registrados durante el fenómeno de El Niño de 1997-1998.
Ecuador mantiene además una alerta roja por El Niño, mientras el Instituto Oceanográfico y Antártico de la Armada (Inocar) ha registrado olas de más de dos metros de altura. La alerta por oleaje permanece vigente hasta el 7 de septiembre.
Playa Delfín pierde su franja de arena
Uno de los casos más visibles ocurre en Playa Delfín, en la comuna Data de Posorja, Guayas. Allí, la franja de arena que separaba al mar del monumento al delfín prácticamente desapareció.
La escultura, instalada en 2015 como símbolo de la recuperación turística de la comuna, enfrenta ahora el impacto directo de las olas. La erosión provocó derrumbes en el barranco sobre el que se encuentra la estructura y ya destruyó parte de la nariz y la cabeza del monumento.
La situación también afecta a los cerca de 2.000 habitantes de Data de Posorja. Varias cabañas turísticas ya fueron destruidas y otras seis viviendas se encuentran al borde del acantilado. En total, unas 60 casas están construidas cerca del límite costero.
Los habitantes han intentado proteger sus propiedades con muros de contención y escolleras de piedra, pero la fuerza del mar también ha terminado afectando estas estructuras.
La costa de Guayas y Santa Elena pierde metros cada año
La erosión no es un fenómeno aislado de Playa Delfín. Un estudio de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (ESPOL) señala que el 61,6% del perfil costero de Guayas y Santa Elena presenta erosión activa.
La pérdida de territorio alcanza entre cuatro y más de cinco metros por año en determinados sectores.
El estudio también establece que el 25,5% de la línea costera de ambas provincias tiene una susceptibilidad «muy alta» frente a la erosión, mientras que otro 47,9% presenta una susceptibilidad «alta».
Manabí: cabañas y viviendas también están en riesgo
En Manabí, los efectos ya se sienten en sectores turísticos como San Clemente y Crucita.
En Punta Bikini, San Clemente, los oleajes registrados desde finales de agosto provocaron daños en el cerramiento de una vivienda y afectaron al menos 20 cabañas turísticas.
Una de ellas quedó destruida el 31 de agosto. Su propietario estima que deberá invertir alrededor de USD 4.000 para reconstruirla y analiza, junto con otros propietarios, la posibilidad de reubicar parte de la infraestructura turística.
Crucita también es considerada una zona vulnerable. Los oleajes han provocado históricamente el ingreso de agua a viviendas y negocios y, en algunos casos, han causado daños o destrucción de construcciones ubicadas demasiado cerca del mar.
Salinas y Anconcito, bajo vigilancia
En Santa Elena, la preocupación se concentra principalmente en sectores de Salinas y Anconcito, donde los oleajes y la erosión se combinan con problemas de drenaje.
El especialista en gestión de riesgos Gonzalo Menoscal explica que el calentamiento del océano asociado a El Niño provoca una expansión del agua y, por tanto, un aumento del nivel del mar. Cuando este fenómeno coincide con mareas y oleajes fuertes, aumenta la presión sobre las construcciones cercanas a la costa.
Entre los sectores que podrían enfrentar una mayor exposición se encuentran Las Núñez, San José, Curía, Olón, Montañita, Manglaralto, Cadeate, Libertador Bolívar, Valdivia, San Pedro, Ayangue, Palmar, Monteverde, San Pablo, Punta Blanca y Chuyuipe.
El problema también puede generar inundaciones
El aumento del nivel del mar no solamente significa pérdida de playa.
Cuando el océano alcanza niveles elevados, puede funcionar como una especie de barrera para los sistemas de drenaje, dificultando que el agua de lluvia pueda evacuar hacia el mar.
Esta situación aumenta el riesgo de inundaciones en ciudades y destinos turísticos como Salinas, especialmente durante episodios de lluvias intensas.
El escenario plantea un desafío adicional para las autoridades: no solo se trata de proteger las playas y la actividad turística, sino también de revisar la ubicación de viviendas, condominios y otras construcciones levantadas cerca del perfil costero.
La evolución de El Niño y el comportamiento del nivel del mar serán determinantes durante los próximos meses. Mientras tanto, la erosión ya está modificando el paisaje de varias zonas de la Costa ecuatoriana y poniendo en riesgo infraestructura que durante años se construyó junto al mar.


