Las aves fueron localizadas dentro de un transportador utilizado para gallos durante un operativo en la Terminal Terrestre de Quitumbe. Quedaron bajo custodia de la autoridad ambiental, que deberá determinar su estado y el procedimiento para su recuperación.
Tres guacamayos frenticastaños fueron rescatados durante un operativo de control realizado en el área de encomiendas de la Terminal Terrestre de Quitumbe, en el sur de Quito.
La Policía Nacional, en coordinación con la autoridad ambiental, inspeccionó las encomiendas que se encontraban en la terminal y encontró a las tres aves dentro de un transportador utilizado para movilizar gallos.
El hallazgo activó el protocolo de protección de fauna silvestre. Los ejemplares quedaron bajo custodia de la autoridad ambiental y serán sometidos a una valoración para determinar su condición y las medidas que correspondan.
Hasta ahora, las autoridades no han informado quién realizó el envío, cuál era el destino de las aves ni si existen personas detenidas por este caso.
El traslado puede ser tan peligroso como la captura
Para un animal silvestre, ser retirado de su hábitat es apenas el comienzo de una cadena de riesgos.
El transporte en espacios reducidos, la falta de ventilación adecuada, el estrés, la alimentación incorrecta y la manipulación por personas no especializadas pueden provocar lesiones, deshidratación o incluso la muerte.
En el caso de las aves, además, las condiciones de traslado pueden afectar su plumaje, alimentación y capacidad para sobrevivir posteriormente en libertad.
Por eso, cuando las autoridades encuentran ejemplares silvestres en encomiendas, el procedimiento no termina con el decomiso. Primero deben determinar qué especie es, cuál es su condición física y si conserva las características necesarias para regresar a su ambiente natural.
Los guacamayos son especialmente vulnerables al comercio ilegal
Las aves de colores llamativos suelen ser buscadas para su comercialización como mascotas.
Datos recopilados durante operativos ambientales en Ecuador muestran que loros, pericos y guacamayos aparecen de manera recurrente entre las especies afectadas por el tráfico ilegal de fauna. En 2025, por ejemplo, 26 procesos de retención permitieron recuperar 42 aves pertenecientes a 20 especies diferentes.
El atractivo de estas especies está relacionado, entre otros factores, con su apariencia, capacidad para interactuar con las personas y facilidad para ser mantenidas en cautiverio.
Pero lo que para un comprador puede parecer una mascota exótica tiene detrás un proceso que puede comenzar con la captura de animales directamente de la naturaleza.
Quito también es un punto de control
La ubicación del hallazgo no es menor.
La Terminal Terrestre de Quitumbe conecta a Quito con diferentes zonas del país y cuenta con servicios de encomiendas. Ese movimiento de personas y mercancías convierte a los sistemas de transporte en espacios que requieren controles permanentes para detectar el traslado irregular de animales.
El caso de los guacamayos se suma a otros operativos recientes realizados en Quito.
Días antes, las autoridades encontraron 32 iguanas marinas de Galápagos dentro del equipaje de una pasajera en el aeropuerto de Quito. Ese caso también activó un proceso judicial.
La coincidencia de estos casos evidencia que el tráfico de fauna puede utilizar diferentes mecanismos de transporte para sacar animales de sus zonas de origen o movilizarlos dentro del país.
No todo animal rescatado puede regresar inmediatamente a la naturaleza
Una vez recuperado un ejemplar de fauna silvestre, comienza otra etapa.
Los especialistas deben evaluar su estado físico y determinar si presenta enfermedades, lesiones, desnutrición o comportamientos adquiridos durante el cautiverio.
También deben establecer si el animal fue capturado recientemente o si llevaba tiempo bajo cuidado humano.
En algunos casos, la rehabilitación permite devolver al ejemplar a su hábitat. En otros, el animal pierde capacidades necesarias para sobrevivir por sí mismo y debe permanecer bajo cuidado especializado.
Por eso, rescatar no siempre significa liberar inmediatamente.
El mensaje también apunta a quienes compran
La lucha contra el tráfico de fauna no depende únicamente de los controles policiales o ambientales.
La demanda es uno de los factores que mantiene este mercado.
Comprar un guacamayo, loro, tortuga, mono u otra especie silvestre sin conocer su procedencia puede alimentar una cadena que comienza con la captura y termina con el cautiverio.
Las autoridades recomiendan no adquirir animales silvestres como mascotas y reportar su comercialización o traslado irregular a las instituciones correspondientes.
Un animal silvestre no es una mercancía ni una mascota convencional.
El caso sigue bajo investigación
Por ahora, las tres aves permanecerán bajo protección de la autoridad ambiental mientras se realizan las evaluaciones correspondientes.
La investigación deberá determinar su procedencia, establecer cómo llegaron hasta la terminal y conocer cuál era el destino previsto.
Mientras esos datos no sean confirmados, no es posible establecer quién estaba detrás del traslado ni cuál era el propósito de la encomienda.
El operativo de Quitumbe deja, sin embargo, una señal clara: el tráfico de fauna también puede esconderse en actividades aparentemente cotidianas, como el envío de una encomienda entre ciudades.
Detrás de cada animal rescatado existe una pregunta que va más allá del operativo: ¿cuántos otros ejemplares siguen siendo capturados y trasladados sin ser detectados?
La respuesta depende tanto de los controles institucionales como de una ciudadanía que entienda que la fauna silvestre debe permanecer en su ecosistema y no convertirse en parte del comercio ilegal.


